Fran Sevilla ; 16/11/09
No sé qué siento más en estas horas, si indignación o si tristeza. El último capítulo de la indignidad con relación al Sahara acaba de consumarse. Perdón, el penúltimo capítulo, porque todavía, me temo, habrá más. Decía que no sé qué siento más; quizás el resumen sea que siento vergüenza.
Así me siento después de escuchar, ver y leer lo que ha ocurrido en las últimas horas con Aminatu Haidar , con esta saharaui, esta frágil mujer de voluntad de hierro a la que no pudieron doblegar ni la más dura de las cárceles marroquíes, ni la tortura, ni los golpes, ni las vejaciones, ni los insultos. (...)
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