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MOCIONES CONSECUENCIA DE INTERPELACIÓN DEL GRUPO
PARLAMENTARIO POPULAR EN EL SENADO, POR LA QUE SE
INSTA AL GOBIERNO A LA ADOPCIÓN DE DETERMINADAS
MEDIDAS PARA ALCANZAR UNA SOLUCIÓN EN EL CONFLICTO
DEL SÁHARA OCCIDENTAL.
(S. 671/000114).
El señor PRESIDENTE: Señorías, pasamos al siguiente
punto del orden del día: Mociones consecuencia de
interpelación.
En primer lugar moción del Grupo Parlamentario
Popular en el Senado, por la que se insta al
Gobierno a la adopción de determinadas medidas para
alcanzar una solución en el conflicto del Sáhara
Occidental.
A esta moción han presentado enmiendas el Grupo
Parlamentario Socialista, el Grupo Mixto y el Grupo
Parlamentario de Senadores Nacionalistas Vascos.
Para la defensa de la moción, tiene la palabra el
senador Piqué.
El señor PIQUÉ I CAMPS: Muchas gracias, señor
presidente.
Se trata de una moción consecuencia de
interpelación que tuve ocasión de presentar al
ministro de Asuntos Exteriores sobre una cuestión
capital de la política exterior española y que,
desafortunadamente, lleva muchísimos años encima de
la mesa. Estamos hablando de un tema que todos los
gobiernos españoles, con independencia de su color
político, han tenido muy presente: la
responsabilidad frente al pueblo saharaui, la
responsabilidad de España con la antigua potencia
colonial y administradora del territorio y también
como responsable de una situación enquistada que ha
tenido unos efectos humanitarios terribles.
Todos los gobiernos españoles, primero el de la
UCD, posteriormente el del Partido Socialista y
después el del Partido Popular, han mantenido
siempre una posición muy clara: respeto escrupuloso
a la legalidad internacional, a lo que iban
determinando las Naciones Unidas a través de las
correspondientes resoluciones del Consejo de
Seguridad y a los intentos de arreglo de los
sucesivos secretarios generales de las Naciones
Unidas a través incluso de representantes personales
que han tenido su máxima plasmación en el conocido
como
Plan Baker II; plan Baker II que fue aceptado
después de muchas reticencias por una de las partes,
el Frente Polisario, que previamente había sido
objeto de múltiples discusiones, con previa
aceptación por parte del régimen marroquí y de su
máximo representante, el Rey Hasán II, del principio
del derecho a la autodeterminación a través de un
referéndum de autodeterminación del pueblo saharaui,
que después y por diversas circunstancias no ha sido
posible.
Esta ha sido la posición de España, denominada de
neutralidad activa, hasta hace muy poco. Pero desde
los inicios del presente Gobierno ha habido una
inflexión que muchas veces ha sido implícita, pues
no se ha explicitado ni se ha explicado a las Cortes
Generales, pero que ha sido percibida por las partes
como un auténtico cambio. Así ha sido interpretado
por el Reino de Marruecos, por otras partes
implicadas en el contencioso, empezando por Argelia,
y por el propio Frente Polisario. Ha habido unas
declaraciones muy recientes del primer ministro de
la República Árabe Saharaui Democrática, el señor
Abdelkader, en las que afirma, con toda claridad,
que no es ningún secreto que Zapatero se ha alineado
con Marruecos. Eso lo dice una de las partes y, al
final, es lo que ha venido sucediendo.
A priori ha habido la aceptación de una propuesta
de las partes que rompe con un principio muy claro
de todo el proceso.
El Grupo Parlamentario Popular ha presentado una
resolución con tres puntos. En un primer punto se
señala que hay que defender una solución al
conflicto aceptada por las partes, definitiva y
justa, en el marco de la legalidad internacional,
definida a través del Consejo de Seguridad, de
acuerdo con la Carta de las Naciones Unidas. En este
sentido, se ha presentado una enmienda por el Grupo
Parlamentario de Senadores Nacionalistas Vascos, que
anticipo ya que acepto porque, aunque pueda tener un
cierto carácter redundante, viene a reafirmar lo que
pretendemos defender. Obviamente, también hablamos
de la necesidad de acabar con el enorme drama humano
que sufre el pueblo saharaui desde hace más de
treinta años.
Hay un punto tercero, que también ha sido
enmendado por el Grupo Parlamentario de Senadores
Nacionalistas Vascos —y anticipo que esa enmienda va
a ser aceptada por el Grupo Parlamentario Popular—,
en el que se
pide algo que en este momento es muy pertinente —no
hace unos meses, sino ahora— cuando el Gobierno
español ha prestado un apoyo explícito a la
propuesta marroquí de autonomía para el Sáhara. Esa
propuesta tiene un problema, y es que nadie puede
otorgar autonomía a un territorio si no dispone
previamente de soberanía sobre él. Por lo tanto, con
carácter previo, hay que resolver el problema de la
soberanía de acuerdo con la legalidad internacional
y con lo que dicen las Naciones Unidas.
Yo les pido a todos los grupos de la Cámara,
incluidos los grupos que dan apoyo al Gobierno, que
sean consecuentes con lo que han venido defendiendo
durante más de treinta años desde que se inició el
conflicto y que, por
lo tanto, asuman como requisito previo
imprescindible que, a través de un referéndum de
autodeterminación, como pide explícitamente el Grupo
Parlamentario de Senadores Nacionalistas Vascos, los
saharauis decidan cuál puede ser su futuro: si
integrarse en Marruecos, si hacerlo a través de un
estatuto de autonomía o si hacerlo a través de la
independencia, y eso sólo lo pueden decidir libre y
democráticamente los saharauis.
Eso es lo que pedimos. No es nada novedoso, pero
es especialmente pertinente en estos momentos,
cuando el Gobierno español acepta implícitamente que
si Marruecos puede conceder la autonomía al Sáhara
Occidental es sólo porque, —y solo porque—
previamente, se acepta el carácter de potencia
administradora titular de la soberanía del Reino de
Marruecos, y ese es el punto en el que no podemos
transigir. Ningún Gobierno español ha transigido
jamás en este punto, tampoco lo ha hecho la
legalidad internacional ni el Consejo de Seguridad
de las Naciones Unidas ni lo ha hecho el nuevo
secretario General de las Naciones Unidas quien,
ante las propuestas de Marruecos y del Polisario,
además de pedir la prolongación de la Misión de las
Naciones Unidas, de la Minurso, también ha pedido un
diálogo entre las partes —con lo que obviamente
estamos de acuerdo— para encontrar una solución
—obviamente estamos de acuerdo—, pero que pase por
proporcionar la autodeterminación para el pueblo
saharaui.
No pedimos otra cosa que lo que todas las fuerzas
democráticas españolas vienen solicitando para la
solución de este conflicto desde el año 1975.
Espero merecer el apoyo del Pleno de esta Cámara.
Muchas gracias, señoría.
El señor PRESIDENTE: Gracias, señoría.
Para la defensa de la enmienda socialista, tiene
la palabra el senador Castro Rabadán.
El señor CASTRO RABADÁN: Señor presidente,
señorías, de nuevo tenemos encima de la mesa un
asunto que se ha debatido varias veces en esta
Cámara y en el
Congreso. Se vuelve a plantear el conflicto del
Sahara, instando al Gobierno a una solución justa y
eficiente. Paso a fijar la posición del Grupo
Parlamentario Socialista.
La interpelación de hace unos días, antecedente
de esta moción, parece ser que no ha servido a algún
grupo de la oposición para conocer la postura sobre
la situación del
Sahara que el Gobierno dejó bien clara. El conflicto
mencionado, que dura ya treinta y un años, desde la
ocupación de la antigua colonia española del Sahara
por Marruecos en 1975, está estancado sin que
diferentes resoluciones de la ONU y planes
específicos hayan servido para resolver el problema.
La liberación de presos de guerra por parte del
Polisario, así como el indulto real marroquí de
presos políticos saharauis no han servido para
acercar a las partes a la solución definitiva.
Por otra parte, pese a la ayuda española
internacional a los refugiados del Sahara desde hace
décadas, y que el Gobierno de España ha incrementado
por cuatro este año, esta no ha sido suficiente para
resolver este asunto por completo, de manera que el
problema al que están sometidos los refugiados sigue
vigente.
El Gobierno español viene prestando apoyo a la
solución definitiva, justa, mutuamente aceptada por
las partes y respetuosa con el principio de
autodeterminación del pueblo saharaui, en
cumplimiento de las propias resoluciones de las
Naciones Unidas y conforme al Derecho internacional.
España y su Gobierno no han cambiado de
posicionamiento sobre este conflicto, por mucho que
se diga; de lo que trata el Gobierno es de cambiar
la forma de afrontar el problema, pasando de una
neutralidad pasiva a una diplomacia activa,
favoreciendo el acercamiento de posiciones entre
Marruecos y el Frente Polisario.
La posición del Gobierno no es ambigua ni
confusa, es responsable. Queremos ayudar a allanar
obstáculos que dificultan la reanudación del diálogo
necesario para el acuerdo entre las partes. La
voluntad de cooperación con Marruecos debe ser
compatible con la solución del conflicto, siendo
como es este país el principal receptor de la ayuda
española al desarrollo.
Hay que reconocer la iniciativa del Ministerio de
Asuntos Exteriores español, que ha pedido a
Marruecos y a Argelia que trabajen conjuntamente en
la resolución del contencioso saharaui en el marco
de la integración regional magrebí. El Gobierno de
España tiene una postura clara y nítida, que se ha
expresado en esta Cámara por activa y por pasiva
—repito—, aunque algún grupo de la oposición quiera
leer los renglones de forma torcida e interesada.
Hay que insistir en que la solución última tendrá
que ser justa, aceptada por las partes y respetuosa
con el principio de autodeterminación del pueblo
saharaui. No hay soluciones unilaterales de parte,
de manera que para alcanzar la solución los
españoles, a través de nuestro Gobierno, debemos
estar decididos a crear las condiciones para que el
acuerdo sea posible, impulsando y alentando la
negociación sin condiciones previas que no respeten
el acervo de las Naciones Unidas, incluyendo el
principio de autodeterminación del pueblo saharaui.
El Congreso de los Diputados aprobó por
unanimidad una proposición no de ley de Izquierda
Unida en el sentido que se viene manifestando; el
Grupo Parlamentario Socialista así lo entiende y lo
defiende y, por ello, planteamos una enmienda que,
en caso de que no se aceptase, se podría
transaccionar con el fin de mantener el espíritu de
consenso alcanzado en el Congreso de los Diputados
por todos los grupos parlamentarios.
La política que viene manteniendo el Gobierno es
de equilibrio entre las posiciones que se defienden
sobre este contencioso en las reuniones recientes,
en Argel y Marruecos, defendiendo así a través del
compromiso activo el Derecho internacional y las
resoluciones de las Naciones Unidas.
La política a seguir en todo el Magreb debe
generar un espacio de desarrollo, estabilidad
democrática y de prosperidad compartida, que
modernice la economía y reconozca las libertades,
promocionando los derechos humanos e individuales.
La solución del conflicto saharaui es condición
necesaria para ello; España debe servir de motor
para que la Unión Europea preste atención a este
contencioso que afecta al área mediterránea. El
Grupo Parlamentario Socialista del Senado apoya la
solución del conflicto en los términos ya expresados
anteriormente.
El señor ministro de Asuntos Exteriores, en el
debate de la pasada interpelación, decía
literalmente: «...sería importante que en el próximo
mes de abril —por este— el Consejo
de Seguridad no se limitara a renovar el mandato de
la MINURSO, sino que exhortase a las partes a
entablar un diálogo o negociación —confiamos en
ello— bajo los auspicios de Naciones Unidas sin más
precondiciones que la legalidad internacional que
incluya el principio de autodeterminación».
Pues bien, el secretario general de las Naciones
Unidas ha hecho suya esta recomendación, que se
discutirá el próximo viernes, pasado mañana, según
el informe remitido al Consejo de Seguridad. En él,
el secretario general de las Naciones Unidas plantea
que la solución sea de buena fe, sin condiciones
previas, que se incluya la autodeterminación en la
solución y que se extienda la misión de la MINURSO
seis meses más para preservar el alto el fuego; es
decir, exactamente lo mismo que planteó el señor
ministro en el debate de la pasada interpelación.
Por todo lo expuesto, no se puede pretender hacer
creer que España ha cambiado de posición; seguimos
defendiendo, como he dicho, que se alcance una
solución definitiva y justa en el menor tiempo
posible, respetando el Derecho internacional y la
voluntad de las partes, sin mermar ni obviar el
compromiso de defender el principio de
autodeterminación en el nuevo marco de las Naciones
Unidas.
Desde nuestro punto de vista, el consenso
alcanzado en otras instancias parlamentarias debe
mantenerse en el Senado, buscando constructiva y
activamente la solución del conflicto que padece el
pueblo saharaui.
Se viene hablando sobre el anuncio de Marruecos
en relación con el plan de autonomía para el Sahara,
que se va a presentar en el Consejo de Seguridad.
El señor PRESIDENTE: Señoría, termine, por favor.
El señor CASTRO RABADÁN: Termino enseguida, señor
presidente.
En la declaración conjunta firmada por Marruecos
y España a través de la lista oficial de alto nivel
realizada, se dice lo siguiente: La parte española
lo ha acogido con interés, y considera que podría
generar una nueva dinámica de diálogo para superar
el impasse actual y progresar sobre esta base
con el objetivo de conseguir un arreglo de este
contencioso que asegure el principio de
autodeterminación.
Eso se dice en los acuerdos. Estamos a favor de
la negociación directa entre las partes en el marco
de las Naciones Unidas, sin precondiciones, para una
negociación que solo puede concluir con el acuerdo
entre las partes.
Es una cuestión fundamental que haya acuerdo
entre las partes. Si no, no habrá solución. En este
sentido, acogemos ahora, como hemos hecho en el
pasado con las distintas formulaciones del Plan
Baker, cualquier iniciativa que sirva para relanzar
el diálogo, aunque solo corresponde a las partes su
aprobación, rechazo o modificación. En este sentido,
el Gobierno ha saludado, —que no apoyado, lo que no
le corresponde—, la iniciativa marroquí de
autonomía, propuesta que ya planteó Baker en su
momento como fase transitoria hasta el ejercicio del
derecho de autodeterminación por el pueblo saharaui
a través de un referéndum.
Creo que la postura del Grupo Parlamentario
Socialista queda clara, y ante las enmiendas que se
han planteado, estaríamos dispuestos a llegar a una
transaccional por mor del consenso de todos los
grupos para la solución de este conflicto.
Muchas gracias. (Aplausos en los escaños del
Grupo Parlamentario Socialista.)
El señor PRESIDENTE: Gracias, señoría.
Por el Grupo Parlamentario Mixto, tiene la
palabra el senador Cuenca Cañizares.
El señor CUENCA CAÑIZARES: Gracias, presidente.
Señorías, desde hace algunos meses venimos
observando un giro peligroso de la diplomacia
española en relación con el conflicto del Sáhara
Occidental. En primer lugar, detectamos un cambio de
lenguaje. Lo que hace poco era un movimiento
legítimo, el Polisario, hoy es un movimiento
independentista. Lo que antes era innegociable, el
referéndum, hoy solo es una opción entre otras. Y lo
que antes era la potencia ocupante, Marruecos, hoy
parece ser una potencia administradora. Más tarde
comprobamos que el Gobierno se abstenía en la
Asamblea General de la ONU para no apoyar el Plan
Baker II, como si este plan, ratificado por la ONU
en 2003 y 2004, fuera una pérdida de tiempo.
El pasado mes de noviembre asistimos a la venta
de armamento de doble uso al ejército marroquí por
valor de 200 millones de euros, concretamente han
sido 1.200 vehículos blindados, 800 camiones y 10
lanchas patrulleras que podrían ser utilizadas en la
represión contra el pueblo saharaui. La gota que ha
hecho desbordar el vaso ha sido la reciente reunión
de alto nivel entre ambos gobiernos y la valoración
positiva realizada por el presidente del Gobierno
español al plan de autonomía propuesto por el Reino
de Marruecos que, considerado como un punto de
partida, causó una sorpresa desagradable. De la
sorpresa hemos pasado a la indignación, porque en la
declaración conjunta de ambos gobiernos no se habla
para nada de autodeterminación, y solo del proyecto
marroquí de autonomía.
Tenemos la impresión, señorías, de que el
Gobierno está utilizando al pueblo saharaui como
moneda de cambio en materia de inversiones y de
pesca, terrorismo, narcotráfico e inmigración. Ser
amigos de un país como Marruecos es deseable y
aconsejable, pero ello no debe implicar ser amigos
de sus errores.
Esta enmienda es la proposición presentada por
Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya más el
añadido de otra presentada y aprobada por el Grupo
Parlamentario Mixto en el Congreso de los Diputados,
y todas ellas aprobadas por unanimidad.
Reclamo al Gobierno que defienda la necesidad de
una solución urgente, justa y definitiva al
conflicto del Sáhara Occidental en el marco del
Consejo de Seguridad de las
Naciones Unidas, de acuerdo con la legitimidad
internacional, que permita resolver el drama
humanitario que vive el pueblo saharaui desde hace
más de treinta años: el legítimo derecho de ese
pueblo a la libre determinación de acuerdo con la
Carta de las Naciones Unidas y las resoluciones del
Consejo de Seguridad. Exige igualmente que se
incremente de forma sustancial la ayuda humanitaria
y la cooperación técnica en los campamentos de
refugiados saharauis, en especial a través de las
organizaciones no gubernamentales de desarrollo
españolas, utilizando a tal efecto todos los
instrumentos disponibles de la cooperación pública,
tanto de la Agencia Española de Cooperación
Internacional como de las comunidades autónomas y
las entidades locales, mejorando la coordinación
entre todas ellas.
La enmienda también exige al Ejecutivo que se
abstenga de promover o apoyar toda medida que
debilite sus posibilidades de desempeñar un papel
equitativo en la búsqueda de una solución justa al
conflicto. Se reclama al Gobierno que inste a las
autoridades marroquíes a que pongan en libertad a
los presos saharauis encarcelados por el ejercicio
de los derechos y libertades fundamentales y se
abstengan de toda vulneración de los derechos
humanos en este conflicto.
Éstas son una serie de iniciativas que figuran en
el acuerdo alcanzado por unanimidad en el Congreso
de los Diputados, un texto que entendemos que recoge
las demandas del pueblo saharaui. Si esta Cámara
debe pronunciarse, parece lógico que lo haga en
torno al texto del Congreso para que así sea
conocido por las Cortes Generales y sirva de
advertencia al Gobierno, de manera que no solamente
le haga cambiar de actitud, sino que también sirva
para que el Gobierno español mantenga una posición
más activa.
Por eso hemos planteado esta enmienda, que consta de
siete puntos más uno, ocho, y que fueron aprobados
recientemente en el Congreso de los Diputados. Se
habla también del referéndum, y parece lógico que el
acuerdo se adopte en torno a lo que acordamos en el
Congreso de los Diputados, no porque sea más amplio
y recoja lo que demanda el pueblo saharaui, sino
porque al menos debe haber una sola posición y un
único texto de las Cortes Generales en relación con
el tema del pueblo saharaui.
Compartimos la crítica y que se cuestione la
posición del Gobierno de nuestro país.
Muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Gracias, señoría.
Por el Grupo Parlamentario de Senadores
Nacionalistas Vascos, tiene la palabra el senador
Bravo.
El señor BRAVO DURÁN: Gracias, señor presidente,
señorías.
Senador Piqué, el pueblo saharaui lleva 30 años
sufriendo, desde que el régimen político español en
descomposición que entonces imperaba lo abandonó a
su suerte en una clara dejación de sus
responsabilidades como potencia colonizadora.
Es una vergüenza más en la historia de España,
pero ahora, treinta años más tarde, ¿qué debemos
hacer?
España tiene una deuda histórica, por lo que no
debe eludir sus responsabilidades, pero también es
cierto, y estoy de acuerdo con ustedes, en que no
tiene obligación alguna de optar entre Marruecos y
Argelia, país este de acogida para los refugiados
saharauis. Debe, efectivamente, encontrar un punto
de equilibrio en sus relaciones entre los dos países
que he citado, sin olvidar en ningún momento al
perjudicado pueblo saharaui y su legítimo derecho a
la autodeterminación, de acuerdo con la legalidad
internacional, la Carta de las Naciones Unidas y las
resoluciones de su Consejo de Seguridad, a través de
un referéndum libre y democrático. Su moción,
señoría, es sumamente oportuna en cuanto al fondo y
en cuanto al tiempo en que ha sido presentada pero,
a nuestro entender, es mejorable si se hace una
clara referencia a este derecho de autodeterminación
del pueblo saharaui, ejercitable a través de un
referéndum libre y democrático. Debe ser así porque
esto es, precisamente, lo ajustado a derecho y a la
legalidad internacional.
Debo recordarles que la Resolución 1.541 del
Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, de
fecha 29 de abril de 2004, además de reiterar su
aval al Plan Baker II, reitera igualmente el derecho
de autodeterminación del pueblo saharaui en una
doble dirección. En primer lugar, confirma que el
Sáhara occidental es una colonia y, por tanto, no es
territorio de soberanía ni forma parte de la
integridad territorial de Marruecos. En segundo
lugar, al rechazar que la autonomía establecida en
el Plan Baker II debe ser automáticamente
definitiva, confirma que el estatuto definitivo del
territorio debe ser decidido únicamente por el
pueblo colonizado y tiene que hacerlo precisamente
mediante un referéndum en el que se incluya,
también, la opción de la independencia.
He creído entender, senador Piqué, que su grupo
ha sido sensible a nuestros planteamientos y ha
comprendido la necesidad de dejar constancia clara
en la moción de lo que significa la legalidad
internacional y lo que expresan las resoluciones de
las Naciones Unidas y de su Consejo de Seguridad,
cuya aplicación debe defender España de una forma
rotunda.
Por esta iniciativa parlamentaria le reitero mi
felicitación y la de mi grupo, así como por la
aceptación de la enmienda.
Muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Gracias, señoría.
Para manifestar su posición con respecto a las
enmiendas que se acaban de debatir, tiene la palabra
el senador Piqué.
El señor PIQUÉ I CAMPS: Muchas gracias, señor
presidente.
Quiero expresar brevemente nuestra conformidad
con las enmiendas que ha presentado el Grupo
Parlamentario de Senadores Nacionalistas Vascos.
Entendemos que vienen a reforzar y precisar el
mensaje ya expresado de manera clara en nuestra
moción, por lo que creo que puede ser la base de un
consenso.
En función de esto quiero pedirle al senador del
Grupo Parlamentario Mixto, al senador Cuenca, que
también se sume al consenso, porque en el tema de
fondo, como lo han estado todas las fuerzas
políticas democráticas españolas desde hace más de
treinta años, estamos de acuerdo.
Usted ha dicho que teníamos que intentar sumarnos
al consenso que ya se consiguió en el Congreso de
los Diputados, y yo no tengo ningún inconveniente,
pero debo decirle que desde el momento en que se
produjo la votación en el Congreso de los Diputados
hasta hoy han pasado cosas y ha habido
posicionamientos adicionales del Gobierno español,
en concreto uno muy claro del presidente Rodríguez
Zapatero y del propio Gobierno de España en relación
con la propuesta marroquí de autonomía sin pasar por
el derecho a la autodeterminación previa; sin pasar,
por lo tanto, por la necesidad de resolver a quién
le corresponde la soberanía sobre el territorio del
Sáhara. Por eso le pido que se sume al
consenso, porque la moción de hoy, más allá del
consenso que se consiguió en el Congreso de los
Diputados cuando no se habían producido estas
novedades y esos cambios adicionales de posición del
Gobierno español, viene a dar respuesta a esa nueva
realidad.
Por lo tanto, le pido que reconsidere su voto,
porque estoy seguro de que usted se siente
absolutamente identificado con el texto de la
moción.
En cuanto al Grupo Parlamentario Socialista,
agradezco sus esfuerzos, pero también debo decirle
que no me convencen.
Su planteamiento intenta preservar un margen de
maniobra para que al final el Gobierno español pueda
reafirmar su posición cada vez más favorable a los
intereses de una de las partes, en este caso
Marruecos, y cada vez más contraria a los intereses
de la otra, en este caso el Sáhara.
Se ha dicho aquí, con justicia, que en nuestro
interés está no tener que optar nunca entre Argelia
y Marruecos, pero eso no siempre es fácil. Muchas
veces es muy difícil
y muy complicado, pero lo que no podemos hacer es
aceptar sin más que de manera implícita y
subrepticia estemos anticipando una posición previa
por parte de España que
se asemeja demasiado a posiciones de otros países
europeos cuyo decantamiento es bien conocido. Por
eso anticipo mi aceptación de las enmiendas del
Grupo Parlamentario de Senadores Nacionalistas
Vascos —creo que sobre esta base podemos tener todos
una posición muy clara—; le pido al senador Cuenca
que reconsidere su postura y se sume también a la
posición de lo que entiendo que va a ser la mayoría
de esta Cámara —no lo sé, pero presupongo que puede
ser la mayoría de esta Cámara—; y le pido al Grupo
Parlamentario Socialista que se sume también, porque
así, además, hará honor a lo que ha sido su posición
histórica en todo este conflicto y, por lo tanto, no
tendrá que explicar, como a veces parece que tiene
la obligación de hacer, por qué ahora mantiene una
posición de indefinición respecto a una cuestión
que, insisto, ha estado clara durante tantísimo
tiempo.
Muchas gracias. (Aplausos.)
El señor PRESIDENTE: Gracias, señoría.
Pasamos a continuación al turno de portavoces.
Por el Grupo Parlamentario Mixto, tiene la
palabra el senador Cuenca Cañizares.
El señor CUENCA CAÑIZARES: Gracias, presidente.
Intervendré brevemente.
Señor Piqué, creo, y estoy convencido de ello, a
no ser que me falle algo esta tarde, que si hay algo
de consenso este está en los ocho puntos que he
presentado en la enmienda, que no es mía —no tengo
el copyright—, sino que la he traído del
Congreso de los Diputados. Allí se aprobaron
por unanimidad, y si se han aprobado por unanimidad
parece que el acuerdo que se ha alcanzado en el
Congreso de los Diputados es el que se debe mantener
para que podamos hablar con un único discurso y que
no haya distinciones —y ahora comentamos algunas
cosas—, sino para que las Cortes Generales se
pronuncien sobre un único texto.
No quería entrar a desarrollar mucho su
propuesta, señor Piqué, pero no dice nada nuevo que
no esté en los ocho puntos. Si quiere estoy
dispuesto a discutir uno a uno todos ellos, aunque
los tres suyos son parte de los ocho que figuran en
la enmienda, nada más, pero el discurso y la
propuesta son los mismos.
Al principio ha empezado diciendo que admitía la
propuesta del Grupo Parlamentario de Senadores
Nacionalistas Vascos porque hablaba de
autodeterminación, ¡Hombre, no me diga usted que la
autodeterminación no está en esos ocho puntos! No me
diga usted eso, porque ha sido la clave del debate
en el Congreso de los Diputados en las semanas
anteriores.
¡Claro que han pasado cosas, pero no solamente
relativas al Gobierno de España! Las he cuestionado,
y me habrá oído usted decirlo hace un momento,
aunque no sé si con el mismo interés con que lo ha
hecho usted, pero lo he planteado. Para mí la más
importante es la propuesta del informe del
secretario de las Naciones Unidas, el señor
Ban Ki-moon, sobre la que ya se ha manifestado el
Frente Polisario con una propuesta, si guardan
silencio los otros, y nosotros, el Gobierno de
España, ya debería estar diciendo algo. Estoy de
acuerdo con eso, pero nos podríamos poner de acuerdo
sobre cuál debe ser el papel de la diplomacia
española, cuál debe ser el papel que debe jugar el
Gobierno español en el conflicto.
Señor Piqué, se lo voy a decir cariñosamente:
creo que esta propuesta que hace usted de tres
puntos se debe a la interpelación que presentó el
otro día, cuando sabía perfectamente que había una
propuesta de ocho puntos muy amplia; era inevitable
que se la trajéramos aquí, y era inevitable que le
estuviéramos diciendo hoy que si tiene que haber un
discurso debe ser un único discurso de las Cortes
Generales. Su propuesta no dice nada nuevo, como
tampoco la enmienda del Grupo Parlamentario de
Senadores Nacionalistas Vascos, pues es una
matización de la suya.
Le vuelvo a insistir: hay un acuerdo en el
Congreso de los Diputados de ocho puntos —siete y
uno, separados en sendos debates, pero yo los he
unido— que dice claramente cuál debe ser, la
postura, que cuestiona el papel del Gobierno en
relación con el pueblo saharaui y, además, cuestiona
claramente esos gestos que tiene el Gobierno de
España con Marruecos y que he denunciado en mi
anterior intervención. Por tanto, parece lógico,
insisto, que debamos apoyarlo.
Yo, señor Piqué, por supuesto que me quiero sumar
al consenso, pero no al que me propone usted. ¿Por
qué el consenso no es el que hemos aprobado en el
Congreso de los Diputados? ¿Por qué el Grupo Popular
en el Congreso de los Diputados aprobó esos ocho
puntos y aquí no está de acuerdo con hacerlo?
Lo que yo les planteo a todos los grupos
parlamentarios de la Cámara, —pero primero a usted,
señor Piqué, que es el proponente, como no puede ser
de otra forma— es que el consenso sea sobre esos
ocho puntos. Si quiere, podemos firmar una
transaccional entre todos los grupos parlamentarios
de esta Cámara con esos ocho puntos. Ese es el
consenso: lo que se ha aprobado en el Congreso de
los Diputados. Por lo demás, no dice nada nuevo,
excepto que tiene que cumplir el trámite de una
iniciativa. Yo insisto en que es más amplio lo de
los ocho puntos.
Señor Piqué, si usted mantiene la propuesta...,
El señor PRESIDENTE: Termine, señoría.
El señor CUENCA CAÑIZARES: Acabo, señor
presidente.
…yo estoy de acuerdo con los ocho puntos.
Nada más y muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Muchas gracias, señoría.
¿El Grupo Parlamentario de Coalición Canaria
quiere hacer uso de la palabra? (Pausa.)
Por el Grupo Parlamentario Catalán en el Senado
de Convergencia i Unió, tiene la palabra el senador
Companys.
El señor COMPANYS I SANFELIÚ: Muchas gracias,
señor presidente.
Señoras y señores senadores, este año se
cumplirán exactamente treinta y dos años desde la
retirada de España del Sáhara Occidental como
consecuencia de la ocupación de dicho territorio por
Marruecos mediante la llamada Marcha Verde y dejando
a los habitantes absolutamente desamparados. Una
semana más tarde se firmaron los acuerdos de Madrid
entre España, Marruecos y Mauritania, por cierto,
sin ningún representante del pueblo saharaui, y con
este gesto el Gobierno de aquél momento pretendió
desentenderse de forma definitiva de su excolonia o
de su exprovincia, según se mire. El Frente
Polisario declaró la guerra a Marruecos y este país
se retiró de la zona ocupada y, finalmente, después
de dieciséis años de luchas, se puso fin a la guerra
con Marruecos con el compromiso de celebrar un
referéndum para el año 1992 con el apoyo de la ONU;
de eso ya hace quince años y no se hecho nada.
Por lo tanto, se obliga a un pueblo soberano
—como a mi entender es el pueblo saharaui— a
realizar un referéndum; referéndum que no ha tenido
lugar debido básicamente al boicot de Marruecos, a
la falta de voluntad por parte de las Naciones
Unidas, así como a una posición de tibieza —por qué
no decirlo— por parte de todos los gobiernos
democráticos españoles, a pesar de que según el
Derecho Internacional, España no ha dejado de ser
potencia administradora.
Por lo tanto, tenemos delante dos varas de medir:
en unos casos el no cumplimiento de las resoluciones
de la ONU tiene una respuesta mediata vía sanciones
o con la aplicación de la fuerza, como sucedió con
la ocupación de Kuwait por Irak; en otros, da la
sensación de que efectivamente no pasa nada. No voy
a hablar de la historia, porque es conocida por
todos, pero podríamos continuar con Plan Baker I,
el Plan Baker II o la operación Minurso de las
Naciones Unidas. Lo cierto es que cuesta entender
que un pueblo libre y soberano, como el saharaui, se
vea obligado a autodeterminarse en su propia tierra
porque un tercer país la ha ocupado, pero es que
además, ese tercer país está aplicando una política
de dilación para aplicar la resolución de la ONU que
puede que se aproveche para avanzar en un proceso de
colonización que en el futuro puede determinar
incluso el proceso de consulta.
Hoy existe la posibilidad de decir algo claro y
es que todas las formaciones, todos los grupos
parlamentarios de esta Cámara en un momento o en
otro hemos estado de acuerdo en la propuesta que hoy
vamos a votar y, por lo tanto, el que en ese momento
pueda haber algún grupo parlamentario que no esté de
acuerdo, es más propio de las presiones de dar
soporte al Gobierno que de la ideología de cada uno.
Sería bueno que la propuesta de resolución
tuviera la máxima unanimidad, pero cumpliendo una
serie de parámetros, como cumple la enmienda del
Grupo Parlamentario
de Senadores Nacionalistas Vascos, que se va a
incluir y a someter a votación. Y es que la decisión
no puede ser unilateral, sino que el pueblo saharaui
debe participar en ella de una forma activa; se debe
respetar la legalidad internacional; se deben las
resoluciones de las Naciones Unidas y, sobre todo,
como dijo el Rey en su reciente viaje a Argelia, la
solución ha de ser justa, duradera, mutuamente
aceptable y con el reconocimiento de la libre
autodeterminación.
Por lo tanto, nuestro grupo parlamentario entiende
que la propuesta del Grupo Parlamentario Popular,
con las mejoras introducidas por el Grupo
Parlamentario de Senadores Nacionalistas Vascos,
recoge de alguna forma este sentir generalizado y
nuestro grupo va a dar su voto a favor.
Muchas gracias, señor presidente. Muchas gracias,
señoras y señores senadores.
El señor PRESIDENTE: Gracias, señorías.
Por el Grupo Parlamentario de Senadores
Nacionalistas Vascos, tiene la palabra el senador
Bravo.
El señor BRAVO DURÁN: Gracias, señor presidente.
Señorías, han sido ya múltiples las veces que en
esta Cámara hemos hablado de la cuestión saharaui y
lo seguiremos haciendo todas las veces que haga
falta, no tengan ninguna duda, porque estamos ante
un largo conflicto sin resolver en cuyo origen
tenemos una cierta responsabilidad, y no pararemos
de hablar del tema hasta que se haga justicia. Es
algo que debemos al pueblo saharaui.
El senador Piqué ha hecho referencia —lo hizo en
el debate de la interpelación, así como en la parte
expositiva del texto de su moción— a un hecho
cierto. Tras la reciente cumbre hispano-marroquí, el
presidente Zapatero hizo unas declaraciones —a
nuestro entender, desafortunadas— de apoyo al plan
de autonomía para el Sahara auspiciado por
Marruecos, algo nuevamente subrayado hace escasos
días por la responsable de Asuntos Exteriores del
Partido Socialista, doña Elena Valenciano.
La propuesta marroquí ya ha sido presentada
oficialmente en la sede de las Naciones Unidas. Poco
más sabemos, pero sí que cuenta con la frontal
oposición del Frente Polisario, pues de suyo y a
priori significaría el reconocimiento de la
marroquinidad del Sahara, algo que, con la legalidad
internacional en una mano y con los compromisos
adquiridos por España en la otra, es absolutamente
inaceptable.
En estas condiciones cabe plantearse algunas
cuestiones.
Por ejemplo, ¿dónde queda el derecho de
autodeterminación del pueblo saharaui? ¿Para qué un
referéndum?, ¿sólo para decidir sobre el estatus
definitivo del Sahara Occidental en clave de región
autónoma bajo soberanía marroquí?
Señorías, es una vergüenza siquiera plantearse la
resolución del contencioso saharaui en estos
términos; es una vergüenza y una burla a los
principios de la doctrina y de la legalidad
internacionales. No olvidemos nunca, señorías,
nunca, que atendiendo a lo señalado por Naciones
Unidas de forma inequívoca y retirada, sin olvidar
tampoco el dictamen ad hoc emitido por el Tribunal
Internacional de La Haya, que nadie ha reconocido
jamás a Marruecos atisbo alguno de soberanía sobre
el Sahara Occidental. ¿Creen, señorías, posible un
referéndum de autodeterminación en estas
condiciones?, ¿una autonomía quizá a la española, a
garantizar por un Estado, el marroquí, que es
cualquier cosa menos un ejemplo de
descentralización, de modernidad y de democracia?
¿Pero, a quién se le ocurre? Yo creo que no se le
ocurre ni al que asó la manteca.
Señorías, la estrategia del Gobierno marroquí, a
salvo de que los propios marroquíes me demuestren lo
contrario, ha estado tradicionalmente orientada —y a
los hechos me remito— a impedir la celebración del
referéndum con todo tipo de artimañas, con todo tipo
de maniobras reiteradamente denunciadas ante la ONU
y así prolongar sine díe el estatus quo del
territorio. Esto —hay que decirlo— es la ocupación
ilegal del Sahara Occidental desde hace más de 30
años. Y una ocupación que carece de título jurídico
alguno es por ende ilegítima e ilegal, y eso hay que
decirlo claro. ¿Creen, señorías, que Marruecos va a
garantizar una amplia autonomía para el Sahara
Occidental y la libertad para gestionar sus propios
asuntos a los saharauis, a los mismos que vienen
sojuzgando desde hace más de 30 años y cuyos
derechos humanos son permanentemente machacados? Me
remito al informe del Alto Comisionado de la ONU
para los Derechos Humanos, que lo dice clarito y por
su orden.
Señorías, en este contexto, las declaraciones del
presidente Zapatero y de la señora Valenciano nos
parecen, además de una grave irresponsabilidad, un
flagrante distorsión de la doctrina muy asentada en
esta materia, ya que significa, de entrada,
reconocer la soberanía de Marruecos sobre el
territorio, alentando, además, al monarca alauí a
seguir sin respetar la legalidad internacional, a
burlarse de ella y a imponer un escenario diferente
al consensuado por la comunidad internacional.
Señorías, el Sahara Occidental no es marroquí, es
del pueblo saharaui. ¿Está claro? Esto ha sido dicho
hasta la saciedad por decenas de resoluciones de
Naciones Unidas y así lo ha confirmado el Tribunal
Internacional de Justicia de La Haya. ¿Pero qué más
quieren?
Por ello exigimos al Gobierno del Estado, hoy más
que nunca, que sea capaz de liderar una solución
respetuosa con la legalidad internacional, con las
resoluciones de Naciones Unidas y su Consejo de
Seguridad, y por tanto, con los derechos reconocidos
al pueblo saharaui, y esto, señorías, es
incompatible con alabar, con favorecer, con
reconocer, con aplaudir, aunque sea poniéndole la
coletilla de «en el marco de Naciones Unidas», y
menos ante una propuesta unilateral que viene de la
mano de quien ha incumplido reiteradamente su
palabra en todo este largo, duro y doloroso proceso.
Por eso, señor Piqué, opinamos lo he dicho antes,
que su moción es oportuna, la aplaudimos y, por
supuesto, va a recibir el voto favorable y
entusiasta de mi grupo parlamentario.
Nada más y muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Gracias, señoría.
Por el Grupo Parlamentario Entesa Catalana de
Progrés, tiene la palabra el senador De Puig.
El señor DE PUIG OLIVE: Gracias, señor
presidente.
Señorías, señor Piqué, de entrada avanzo que mi
grupo, que está por el consenso, va a votar a favor
de su moción, con el añadido del Grupo Parlamentario
Vasco. Hubiéramos querido poder votar una moción que
contuviera los mismos términos que la que se aprobó
en el Congreso, porque la habíamos votado todos,
porque era la de todos, y yo quisiera que en esta
todo el mundo se sumara al consenso, lo que
demostraría —y he escuchado al portavoz del Grupo
Parlamentario Socialista— que en lo esencial estamos
de acuerdo, a pesar de ciertas manifestaciones que
se han hecho de la política de este Gobierno, o de
interpretaciones no siempre correctas de lo que ha
pasado.
El representante del Grupo Parlamentario Vasco
acaba de recordar que el Jefe del Estado, que habla
también en nombre del Gobierno, dejó las cosas
claras para aquellos
que interpretaban que la posición de Zapatero en
Marruecos había sido exageradamente favorable a la
posición marroquí, y lo hizo en Argelia, y no es
inocente que lo hiciera precisamente en Argelia. Yo
creo que se exagera cuando se dice que ha habido un
cambio, que el Gobierno actual —y empleo una
expresión que se utilizó en la interpelación— ha
roto la continuidad política en relación al Sáhara.
No vamos a insistir en ello. Se podría hablar de
quién rompió la continuidad política en relación con
Marruecos, pero no vamos a tocar este asunto ahora
porque es el momento del consenso.
Efectivamente, todos estamos de acuerdo en que
urge una solución definitiva y justa, aceptada por
las partes, respetuosa con el principio de
autodeterminación del pueblo saharaui. Pero hay que
decir que la responsabilidad real es de las partes;
si no hay acuerdo, no es culpa de Naciones Unidas ni
del Gobierno español. Los concernidos realmente son
los saharauis y Marruecos, y si por más que negocien
no hay voluntad de acuerdo, no habrá acuerdo.
Lo que me deja tranquilo respecto a los derechos
de autodeterminación y a los que pueda tener el
pueblo saharaui sobre el territorio en el que vive
es que si no hay acuerdo con los saharauis no va a
haber ninguna ocupación —al menos que yo pueda
imaginar— avalada por nadie y mucho menos por
Naciones Unidas. Por tanto, si hay un acuerdo será
porque el Polisario y los saharauis están de
acuerdo.
Es natural que las posiciones de partida sean
radicales, cada uno defiende sus intereses al cien
por cien, pero negociar y ponerse de acuerdo quiere
decir intentar encontrar una vía común. Los
marroquíes hablan de oportunidad única en el marco
de Naciones Unidas, una solución política —dicen—
mutuamente aceptable. Pues bien —y ahí está la
oportunidad de la interpelación del señor Piqué—, en
estas semanas en que las cosas se están moviendo,
tenemos dos propuestas, una marroquí y otra del
Polisario, y esta última propone una solución
flexible y constructiva.
Pues bien, que se sienten en una mesa; hagamos
todo lo posible para que en el marco de Naciones
Unidas se sienten en una mesa y entiendan que, para
llegar a un acuerdo, tienen que ceder en alguna
cosa. ¿Y qué le toca hacer al Gobierno español? Pues
a mi juicio le toca ayudar a intentar que pueda
haber acuerdo, porque si no lo hay, no hay solución.
¿Quién imagina una solución a este tema, con los
años que llevamos, sin un acuerdo de las partes?
Porque el problema —y tiene usted razón, señor
Piqué— es la soberanía. Éste es en realidad el único
problema, que unos dicen que es suyo y los otros
dicen que también. Si no se llega a un mínimo
acuerdo con respecto a la soberanía, no habrá
solución.
El señor PRESIDENTE: Señoría, le ruego que termine.
El señor DE PUIG OLIVE: Termino, señor
presidente.
Lo que nosotros no descartamos es el acuerdo.
Acaba de tener lugar una intervención en la que se
descarta el acuerdo, pero nosotros creemos que éste
es posible y lo deseamos.
Creemos que lo deseable es llegar al acuerdo,
pues, de lo contrario, no habrá una solución, y por
ello apoyamos la moción presentada por el señor
Piqué y enriquecida por el Grupo Parlamentario de
Senadores Nacionalistas Vascos.
Muchas gracias.
El señor PRESIDENTE: Gracias, señoría.
Por el Grupo Parlamentario Socialista tiene la
palabra el senador Castro Rabadán.
El señor CASTRO RABADÁN: Señor presidente,
señorías, para fijar definitivamente la postura del
Grupo Parlamentario Socialista respecto de la moción
presentada quiero insistir en una cuestión. Quevedo
decía en alguna de sus obras que no hay más ciego
que el que no quiere ver ni más sordo que el que no
quiere oír. Aquí hemos dicho ya por activa, por
pasiva y por perifrástica cuál es la postura del
Gobierno socialista, pero parece ser que no se
quiere entender.
He de decir que la solución a este conflicto es
la solución del conflicto del SAR, y creo que la
intención de esta moción es resolver, ayudar o
impulsar la solución de dicho conflicto. Pero por el
debate que se ha mantenido, me da la impresión de
que se trata más de socavar el prestigio de la
política exterior española respecto de este
conflicto que de resolver el problema. Sin embargo,
la realidad es más tozuda que las intenciones
torcidas de algún grupo.
Quiero dejar bien clara una cuestión. El Gobierno
socialista se ha implicado a fondo en este tema. Hay
una etapa de intensos contactos con las partes y se
han logrado reactivar tanto las relaciones con
Marruecos como con Argelia, que estaban muy
deterioradas. Yo creo que usted ha perdido la
memoria histórica. Por primera vez miembros del
Gobierno visitan los campamentos, algo que no se
hacía anteriormente; el Gobierno español sigue
apoyando activamente a la población saharaui
refugiada en los campamentos mediante crecientes
esfuerzos inigualados por cualquier Gobierno
anterior, tal y como atestiguan las cifras; se ha
multiplicado por cuatro la ayuda a los campamentos
de refugiados del Sahara respecto del año 2003.
Estos son hechos, no palabras.
Asimismo, en el año 2006 se han superado los seis
millones de euros concentrados en ayudas de
emergencia y alimentación, pero también en proyectos
de desarrollo ejecutados por las ONG. La AECI se ha
convertido en el primer donante individual solo
superado por la Unión Europea y es el único donante
con presencia permanente en los campos de
refugiados. ¿Cuándo antes?, ¿qué más hay que hacer?
Por primera vez disponemos de una estrategia
propia de cooperación para los saharauis y estamos
trabajando de manera prioritaria en tres sectores
básicos: seguridad alimentaria, salud y educación.
El papel de España en las Naciones Unidas está
siendo más activo; las gestiones realizadas han
contribuido a atemperar las posiciones de las
partes, a consensuar posturas entre los países que
integran el Consejo de Seguridad, a nombrar un nuevo
enviado personal a la zona y a renovar repetidamente
el mandato de la Minurso, cuya permanencia sobre el
terreno es esencial para evitar conflictos y
mantener la calma.
Aquí se pone en duda la declaración conjunta
firmada por Marruecos y España, declaración que creo
que no se ha leído. Tras la visita oficial de alto
nivel realizada por el Gobierno en los días 5 y 6 de
marzo, en una declaración conjunta entre Marruecos y
España se dice: La parte española lo ha acogido con
interés y considera que podría generar una nueva
dinámica de diálogo para superar el impasse
actual y progresar sobre esta base con el objetivo
de conseguir un arreglo de este contencioso que
asegure el principio de la autodeterminación del
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