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http://www.gees.org/articulo/5469
La ofensiva del realismo en el Sáhara
Occidental
Por
Ana Camacho
Colaboraciones nº 2287 | 9 de Mayo de 2008
Con la colaboración activa de la diplomacia
española, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas
acaba de aprobar una resolución sobre el Sáhara
Occidental que da abiertamente un espaldarazo a las
tesis con las que Marruecos viene defendiendo que el
conflicto que desencadenó en 1975 con la invasión de
la colonia española, sólo tiene una “solución
realista”: que el pueblo saharaui renuncie al
derecho a la autodeterminación que la propia ONU le
reconoció y acepte la soberanía del agresor. Por el
momento, la solución promarroquí ha hecho asomo con
ropaje de sugerencia pero, de consolidarse esta
nueva filosofía para la solución de conflictos,
Kosovo dejará de ser un caso excepcional en la
aplicación del derecho internacional. Lo mismo da
que al Kosovo se le conceda el ejercicio a la
autodeterminación que no le correspondía de acuerdo
a derecho, y al Sáhara, por el contrario, se le
prive de la autodeterminación que le reconocían las
resoluciones de la ONU. Su trasfondo deja un mismo
poso, el que reduce la aplicación del derecho
internacional a un juego cuyas reglas varían en
función de los tejemanejes estratégicos de las
grandes potencias que controlan el Consejo de
Seguridad.
La
resolución 1813 aprobada por unanimidad el
pasado día 30 admite que, aunque el Frente Polisario
y Marruecos se han comprometido a seguir el
diálogo iniciado en junio de 2007 en Manhasset
(EEUU), el proceso para hallar una solución
pacífica al conflicto, se encuentra estancado. Para
superar el bloqueo, el texto "hace suya” la
recomendación del
informe del secretario general del pasado 14 de
abril “de que la visión realista y el espíritu de
compromiso de las partes son esenciales para
mantener el impulso del proceso de negociaciones".
Aparentemente, la semántica del texto parece
repartir de forma ecuánime entre las dos partes en
el conflicto, el Frente Polisario y Marruecos, el
deber de ceder ante el pragmatismo que requiere la
paz. Sin embargo, la satisfacción manifestada por el
Gobierno de Marruecos ("consagra la preeminencia de
la propuesta marroquí de autonomía", dicen en Rabat)
en contraste con la consternación del representante
saharaui en la ONU, Ahmed Bujari ("una maniobra para
descarrilar el proceso y la descolonización que
conlleva", ha protestado),
reflejan sin equívocos quién se ha llevado el
gato al agua en la nueva ronda de esta
partida onusiana.
En efecto, este énfasis en el realismo
presenta demasiadas coincidencias con las
declaraciones efectuadas, el 21 de abril por el
enviado especial de la ONU para el Sáhara
Occidental, el holandés Peter Van Walsum, cuando
dijo que la independencia del territorio no es una
"solución realista", como si la ONU, en realidad, en
lugar de haberse comprometido a organizar el
referéndum hubiese estado dedicándose desde 1991 a
evaluar la conveniencia o no de aplicar la doctrina
que da al pueblo saharaui el derecho a elegir
libremente entre la anexión o la independencia y que
Marruecos aceptó y, una vez implantado el alto el
fuego, repudió.
Por si subsistiesen dudas de cuál es el sentido que
corresponde a la invocación al realismo, conviene
consultar las
reacciones del Departamento de Estado en
Washington sobre la nueva la resolución: "un estado
saharaui independiente no es una opción realista",
han dicho sus portavoces para los que la "única" vía
realista de solución es que el pueblo saharaui
acepte de la política anexionista de hechos
consumados marroquí.
Tras el paréntesis no promarroquí marcado por el
segundo plan Baker que convirtió al ex secretario de
Estado norteamericano en un enemigo de la diplomacia
alauita, la estrategia de aproximación emprendida
por el presidente Sarkozy con Washington favorece el
realineamiento sin fisuras de Bush con la estrategia
del rey Mohamed para evitar el referéndum de la ONU
sobre el futuro del Sáhara. Marruecos, el gran
aliado africano de Francia, también ha sido un
tradicional e importante amigo de EEUU y las tesis
promarroquíes son susceptibles de ganar más puntos
en Washington si, dando satisfacción a las
tradicionales ansias de liderazgo francés en el
Magreb, el Departamento de Estado logra importantes
contrapartidas en otros frentes de primera
importancia para sus intereses como son la OTAN,
Irak, Irán o Afganistán. Puesto que con ello también
contenta a la España de Zapatero, subordinada a la
política exterior francesa, la coyuntura favorece un
gesto que insufla pasión a la luna de miel con
Sarkozy, dejando atrás la tormentosa crispación
antiamericana de Chirac. La adhesión al realismo
promarroquí se convierte así en el justo premio a la
constancia de una diplomacia en la que, desde 1975,
jamás se ha producido el desvío de un Baker y que,
por el contrario, ha sido muy combativa a favor de
la anexión francofonizadora del Sáhara a Marruecos.
Aunque el secretario general Ban Ki-Moon se desmarcó
oficialmente de las declaraciones realizadas por Van
Walsum (dice el holandés) “a título personal”, su
informe –que también hace referencia al "realismo y
espíritu de compromiso de las partes"- lleva todos
los síntomas de la gran tentación que supone para
los responsables de la ONU apuntarse el tanto de un
nuevo éxito pacificador sacrificando a la parte
débil del conflicto. Es comprensible. El acatamiento
del realismo por parte de los saharauis sería
la solución perfecta para maquillar el
descarrilamiento de un plan de paz al que la ONU ha
contribuido con ese exquisito e inquietante cuidado
con el que, en lugar de denunciar la continua labor
de sabotaje marroquí a la organización del
referéndum, ha evitado librar a Rabat de toda culpa.
(Ver
El misterio de los cascos azules en el Sáhara
Occidental
por Ana Camacho)
Los efectos de la resolución 1813 van, sin embargo,
más allá de las arenas del antiguo Sáhara español.
Así lo señaló el embajador de Suráfrica, país al que
correspondía la presidencia del Consejo en el
momento de aprobarse la resolución, y que intentó
oponerse a la inclusión de ese malévolo realismo.
"Se introduce la palabra realismo, que no está
definida en ningún sitio, pero lo que parece que
aquí se dice es que si eres débil, tienes que
aceptar", dijo Kumasi Dumalo, al subrayar que el
caso saharaui podría convertirse en un peligroso
precedente para otros conflictos como el
israelo-palestino.
No es el único mal sabor que ha dejado la resolución
1813 redactada y presentada por España, EEUU,
Francia y Rusia en calidad de miembros del supuesto
grupo de países amigos del Sáhara. Su proceso de
gestación ha provocado una división entre los
miembros del Consejo que ha enfrentado a
representantes de estados pequeños (en cuanto a peso
específico) frente a los grandes miembros con
asiento permanente. El cómo la resolución fue
sometida a los miembros no permanentes como un
paquete cerrado para el que no había posibilidad de
enmienda, arrastra para los que intentaron ponerse
del lado del débil una triste moraleja.
Frente a la introducción del realismo,
apoyada por EE UU y Francia, nada pudo la oposición
de los países favorables al Polisario. Sudáfrica,
Panamá y Costa Rica ni siquiera lograron amortiguar
el golpe con un vano intento de añadir a la
iniciativa una coletilla que confirmase que las
previsibles concesiones debían hacerse en el marco
del derecho internacional. Los
intentos del embajador costarricense por
introducir una referencia a los derechos humanos que
perjudicaba a Marruecos, también rebotó sobre los
escudos protectores desplegados por las dos grandes
potencias amigas de Rabat.
Los representantes saharauis se enfrentan a un
combate desigual. Por un lado, EEUU y Francia
apoyando a Marruecos, y ellos, privados del que
debería ser su principal valedor, España, que
insiste en limitar su papel en la cuestión al de
correveidile de la diplomacia gala, aunque sea en
contra de sus propios intereses. Ni siquiera el
bofetón que Sarkozy acaba de propinarle a España, al
declarar oficialmente difunto el Proceso de
Barcelona, parece que va a lograr hacer reaccionar a
los cerebros de esa acción que se escuda en la
supuesta contribución al fortalecimiento de Europa
para no tomar ninguna iniciativa que ponga en
evidencia su aislamiento internacional.
Puede que Moratinos intente disimular la humillación
y vendernos que nada tiene que ver el Proceso de
Barcelona con el conflicto del Sáhara pero,
evidentemente, lo menos que se puede hacer con un
estado que hace dejación de sus deberes y
responsabilidades (los compromisos que España sigue
teniendo por derecho internacional con el pueblo
saharaui) en una pieza clave para la estabilidad
magrebí, es no contar con él ni siquiera como
florero que era para lo que seguía sirviendo la
ficción del Proceso de Barcelona.
En la práctica, el Proceso de Barcelona lleva ya un
buen rato extinguido pero, al menos, el ministro
Moratinos podía seguir exhibiéndolo como un
importante activo de la política española en el
Norte de África y de la estrecha colaboración
hispano-francesa en el Magreb. El
planteamiento de la primera cumbre de la Unión
del Mediterráneo en París el próximo 13 de julio,
deja bien claro quién lleva las riendas de esa
"colaboración entre los pueblos" de las dos orillas
del Mediterráneo que Sarkozy, tras recibir luz verde
de Angela Merkel, pretende que herede en exclusiva
su proyecto euromediterráneo.
A los diplomáticos españoles sólo les queda confiar
en poder curarse del ridículo con las migajas que
Sarkozy tenga a bien pagar la lealtad con la que
España ha contribuido, por ejemplo, a la redacción
de la resolución 1813 y su inestimable contribución
a la introducción del realismo con el que, tras su
fracaso internacional con la Alianza de las
Civilizaciones, el Gobierno de Zapatero pretende
contribuir a una nueva estrategia global
pacificadora.
La incógnita, como siempre, es hasta dónde está
dispuesta a llegar la solidaridad argelina con el
pueblo saharaui. Por el momento, el comentario
emitido en Argel ante la nueva resolución del
Consejo de Seguridad, evita la polémica haciendo
como que no se dan por aludidos por la correosa
referencia al realismo para destacar el más
positivo de sus párrafos para la causa saharaui,
aquel que "exhorta a las partes a que continúen las
negociaciones bajo los auspicios del secretario
general, de buena fe y sin condiciones previas,
teniendo presentes los esfuerzos realizados desde
2006 y los acontecimientos posteriores, con miras a
lograr una solución política justa duradera y
mutuamente aceptable que permita la libre
determinación del pueblo del Sahara occidental en el
marco de disposiciones conformes a los principios y
propósitos de la Carta de la ONU".
El pase torero contrasta, sin embargo, con la
rotundidad con la que tres días antes de aprobarse
el texto con el que se prorroga el mandato de la
MINURSO sobre el Sáhara, el primer ministro
argelino, Abdelaziz Beljadem, reiteró el
irrenunciable apoyo a la causa saharaui de su país
en el mismísimo Marruecos. Fue con motivo del 50
aniversario del congreso de los partidos del Magreb
Árabe en Tanger. Emborrachado quizás por el éxito
que sus diplomáticos estaban cosechando en Nueva
York y Washington, el ministro de Estado marroquí y
dirigente socialista, Mohamed Yazghi, aprovechó la
presencia de Beljadem en el encuentro para instar a
los dirigentes magrebíes y, en especial al
presidente argelino, Abdelaziz Buteflika "a apoyar
el proyecto marroquí de autonomía para sacar del
impasse actual la cuestión del Sáhara Occidental".
El ministro argelino no dudó en responder que su
país “siempre ha defendido las causas justas y a los
movimientos de liberación” y no se plantea cambiar.
Su respuesta fue tan clara y rotunda que la
audiencia marroquí se sintió obligada a manifestar
su indignación con abucheos y gritos de “Sáhara
marroquí”.
El inequívoco mensaje argelino a Marruecos y sus
aliados no se ha limitado a las declaraciones
verbales. Mientras Beljadem respondía a la
"provocación" marroquí, en Argel, la celebración de
una conferencia internacional culminaba con la
creación de un grupo interparlamentario africano de
solidaridad con la causa saharaui. La iniciativa es
un recordatorio para el rey Mohamed de que todavía
tiene una importante asignatura pendiente en la ONU,
con la familia de países africanos cuya solidaridad
tiende a inclinar el apoyo de la Asamblea General
del lado del Frente Polisario. Por ahora, a pesar de
sus numerosas giras africanas, los amigos en la zona
del rey Mohamed se limitan al menguante grupo de
gobiernos incondicionales de Francia. |