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Memoria y dignidad del Pueblo Saharaui
LUIS
PORTILLO PASQUAL DEL RIQUELME
Luis Portillo Pasqual del Riquelme
es doctor en Ciencias Económicas, ex profesor de
Estructura e Instituciones Económicas en la
Universidad Autónoma de Madrid, ex jefe de Redacción
del Boletín Económico de ICE y ex responsable
de Estudios Económicos e Investigación en
Información Comercial Española. Revista de Economía.
Autor de ¿Alimentos para la Paz? La “ayuda” de
Estados Unidos (IEPALA, Madrid, 1987).
El Consejo de Seguridad de la ONU adoptó, el 30 de
abril pasado, la Resolución 1754, emplazando a
Marruecos y al Frente POLISARIO a entablar
negociaciones directas para lograr una solución
política definitiva a la cuestión del Sáhara
Occidental. En el marco de dicha Resolución, el
Secretario General de la ONU invitó a las partes a
una primera ronda de negociaciones, los días 18 y 19
de junio de 2007, en Manhasset, cerca de Nueva York.
La segunda ronda tuvo lugar los días 10 y 11 de
agosto. Está prevista una tercera ronda para el
próximo mes de diciembre, esta vez en Ginebra,
Suiza.
(http://www.umdraiga.com/noticias/denunciahamad.htm)
El
mismo día en que el Consejo de Seguridad de la ONU
adoptaba su –hasta ahora- última resolución sobre el
Sáhara Occidental (30 de abril de 2007), el diario
EL PAÍS publicaba, en sus páginas de Opinión,
un artículo de Bernabé López García titulado “Aplazar
la utopía, defender la dignidad”, que, en
esencia, justificaba la posición del Gobierno
marroquí sobre el futuro del Sáhara Occidental.
Argumentaba el autor que la oferta marroquí
constituye hoy una oportunidad histórica única para
que el Pueblo Saharaui se integre en Marruecos, en
una región de autonomía limitada, equiparando las
concesiones que el Partido Comunista de España (PCE)
hubo de hacer al inicio de la transición de España a
la democracia, a las que -en su opinión- debería
hacer ahora el Frente Polisario, abandonando así su
derecho a la independencia (por utópica), lo
que permitiría a los saharauis acabar con la
diáspora, el exilio, el sufrimiento y vivir con
dignidad.
En
mi opinión, este planteamiento, además de ser un
mero exponente de las tesis marroquíes, elude
cuestiones fundamentales y contiene argumentos que
no se ajustan a la realidad, como señalo a
continuación.
1.
Es una falacia comparar la situación de España y del
PCE, al inicio de la transición española, con la del
Frente Polisario y la de un Marruecos invasor que ha
pretendido anexionarse de facto un territorio
sobre el que no ostenta ningún título de soberanía
(Tribunal Internacional de Justicia: “Caso
relativo al Sáhara Occidental. Opinión consultiva de
16 de octubre de 1975”,
http://www.icj-cij.org/).
"Los Acuerdos de Madrid [de 1975] no
han transferido la soberanía del Sáhara Occidental
ni han otorgado a ninguno de los firmantes el status
de potencia administradora, status que España no
puede transferir unilateralmente".
(Resolución S/2002/161 del
Departamento Jurídico de Naciones Unidas).
Entre otras diferencias relevantes
(un Frente de Liberación Nacional es bastante más
que un partido), el PCE pertenecía a una misma
nación, mientras que Marruecos invadió y ocupó,
ilegal e ilegítimamente, un territorio ajeno. Son
dos situaciones que nada tienen que ver y cuya
comparación, por tanto, no se sostiene.
2.
La credibilidad de los gobernantes marroquíes en el
contencioso del Sáhara es nula. El Ejército marroquí
bombardeó con napalm y fósforo blanco a los
saharauis, obligando a la mayor parte de la
población superviviente al genocidio -todavía hoy
impune- al éxodo y al refugio forzoso en el desierto
argelino (Carlos Jiménez Villarejo, “Genocidio
en el Sáhara”,
El
Periódico, 2/4/2007;
Tomás
Bárbulo
“La
historia prohibida del Sáhara Español”,
Destino,
Barcelona, 2002). En la todavía entonces
provincia española, Marruecos impuso una segunda
colonización –¡en el último tercio del siglo XX!-,
abortando con ello el proceso descolonizador
español, requerido por la ONU. Marruecos ha
desafiado la legalidad internacional y ha obstruido
sistemáticamente la solución internacionalmente
reconocida para estos procesos (el referéndum de
autodeterminación); y después de una guerra de 16
años contra el pueblo saharaui y de haber
desbaratado todos los planes propuestos por Naciones
Unidas, hace ahora la oferta unilateral, al
Frente Polisario –representante legítimo del pueblo
saharaui-, de negociar una autonomía limitada
sobre la base, innegociable, de la marroquinidad
del territorio saharaui, sin cabida, por supuesto,
para la autodeterminación ni, en su caso, la
independencia (cuyas ventajas y beneficios han sido
objeto de serios estudios, como el del catedrático
de Derecho Constitucional Carlos Ruiz Miguel,
”Sáhara Occidental: Independencia, paz y seguridad”,
Cuadernos de Pensamiento Político nº 12, 2006,
http://web.usc.es/~ruizmi/).
3.
Después de tanto tiempo (32 años), de tantos
compromisos incumplidos, de tantas zancadillas al
proceso descolonizador, Marruecos sigue apostando
por su política de hechos consumados: lo que se
negociaría entre las Partes sería, como máximo,
algunas condiciones de la pretendida autonomía y del
proceso correspondiente; el pueblo saharaui tendría
que aceptar y padecer, de entrada, la sumisión y la
anexión a Marruecos. ¿Es esto lo que Bernabé López
llama “defender la dignidad”? ¿No está
establecido en la Carta de las Naciones Unidas que
la solución a los problemas de descolonización es el
referéndum de autodeterminación con todas las
opciones abiertas? (www.un.org/spanish/).
¿Qué haríamos los españoles en un supuesto similar,
es decir, si “ellos” (los saharauis) fuesen los
españoles y “nosotros” (los españoles) fuéramos los
saharauis y estuviéramos en su situación? ¿Qué
hicimos cuando nos invadieron las tropas
napoleónicas? ¿Renunciamos acaso a nuestra
independencia? ¿Dejamos pisotear nuestra dignidad?
No; el pueblo español se levantó, combatió y expulsó
al invasor, con las consecuencias inmortalizadas por
Francisco de Goya en Los fusilamientos del tres
de mayo. Hoy, algunos de aquellos patriotas son
honrados como héroes en el cementerio de La Florida,
en Madrid.
4.
Precisamente porque Marruecos negó a los saharauis
–primero, con la invasión y la ocupación y, después,
con la trasgresión sistemática de la legalidad
internacional- la realización de lo que ahora se
pretende calificar de utopía, el pueblo
saharaui no tuvo otra salida -para defender su
dignidad y su supervivencia como tal pueblo- que
proclamarse República Árabe Saharaui Democrática
(RASD) en el exilio, reconocida ya por más de
ochenta países. Y, desde la declaración de cese el
fuego en 1991, auspiciado por la ONU, la RASD ha
optado por la vía pacífica para proporcionar a su
pueblo un futuro legítimo y digno, que pasa
necesariamente por el inalienable derecho a la
autodeterminación.
5.
No “hay encima de la mesa dos proyectos
coherentes que reconocen el derecho al autogobierno
del pueblo saharaui”. El documento presentado,
en el pasado mes de abril, por el Frente Polisario
al Secretario General de la ONU, para su debate en
el Consejo de Seguridad, lleva por título
"Propuesta del Frente Polisario para una solución
política mutuamente aceptable que asegure la
autodeterminación del pueblo del Sáhara Occidental".
En cambio, el título del presentado por Marruecos es
otro bien diferente: "Iniciativa de autonomía
para la región del Sáhara". Sobran comentarios.
La propuesta del Frente Polisario afirma y defiende
la legalidad internacional avalada por las
resoluciones de Naciones Unidas, mientras que el
proyecto de Marruecos la niega o, cuando menos, la
mutila considerablemente. Ya en abril de 2006, en
su Informe al Consejo de Seguridad, el Secretario
General de la ONU
decía textualmente (S/2006/249,
punto 37): “[...] Mi Enviado Especial [...] había
hablado de negociaciones sin condiciones previas con
miras a lograr una solución política justa, duradera
y mutuamente aceptable que permitiera la libre
determinación de la población del Sáhara Occidental.
El Consejo de Seguridad no podía invitar a
las partes a negociar sobre una autonomía del Sáhara
Occidental bajo soberanía de Marruecos, ya que ello
implicaría el reconocimiento de la soberanía de
Marruecos sobre el Sáhara Occidental, cosa que
estaba fuera de cualquier consideración, dado que
ningún Estado Miembro de las Naciones Unidas había
reconocido dicha soberanía”.
Y en la -hasta ahora- última Resolución del Consejo
de Seguridad, de 30 de abril pasado (S/RES/1754),
nuevamente se “exhorta a las partes a que
entablen negociaciones de buena fe sin condiciones
previas [...], con miras a lograr una solución
política justa, duradera y mutuamente aceptable que
conduzca a la libre determinación del pueblo del
Sáhara Occidental”.
6.
La legalidad internacional es –con todas sus
deficiencias- el conjunto de normas que los humanos
nos hemos dado como marco de convivencia, para vivir
en paz y resolver los conflictos por vía pacífica.
Pero es preciso respetarla y aplicarla. Marruecos no
la respeta (conforme a lo dispuesto en el Capítulo
VI de la Carta de las Naciones Unidas) y la
comunidad internacional no presiona suficientemente
para aplicarla (conforme al Capítulo VII). Como
señala Bernabé López, “la legalidad internacional
es un marco para asegurar el respeto de los derechos
de los pueblos”. Pero, ¿es que acaso se respetan
los legítimos derechos del pueblo saharaui? Y por
contra, ¿acaso han violado los saharauis los
derechos del pueblo marroquí? Si la RASD hubiera
invadido y ocupado Marruecos, ¿cómo habría
reaccionado la comunidad internacional? El caso de
Kuwait –también el de Timor Oriental- está bien
cercano en el tiempo. Sobran especulaciones al
respecto.
7.
Si Marruecos ha obstruido sistemáticamente un
referéndum transparente y justo es porque sus
gobernantes temen perderlo. Niegan así, de antemano,
suprimiéndola de la realidad, la pretendida
utopía (la legalidad internacional y, en su
caso, la independencia) de que habla Bernabé López,
al tiempo que mantienen al pueblo saharaui en la más
indigna de las condiciones de vida, el destierro y
la miseria (www.umdraiga.com).
Esperan así ganar tiempo, agotar y desmoralizar a
los saharauis, alienar la memoria histórica de las
jóvenes generaciones, vencer por extenuación a todo
un pueblo, con la vana esperanza de que, finalmente,
sucumbirán y aceptarán lo que les echen, hundidos en
las contradicciones que los obstáculos torticeros
generan.
8.
Marruecos no ha estado durante más de 30 años
practicando la política del avestruz, como
sostiene nuestro autor, sino la política de tierra
quemada, de los hechos consumados, ya desde la
tristemente célebre Marcha Verde (de
población civil enardecida y manipulada, por un
lado, y de tanques, aviones y tropas, por otro),
urdida bajo el asesoramiento estratégico de Henry
Kissinger. Y España y la comunidad internacional han
dejado hacer, mirando para otro lado, absortas en
otros negocios más rentables y con una visión miope,
de corto plazo, que dura ya demasiado y que ha
devenido insoportable.
(http://www.lukor.com/not-esp/internacional/0410/26181136.htm)
9.
El
derecho de autodeterminación no presupone,
obligatoria y necesariamente, la independencia. Como
recoge explícita y textualmente el punto 8 de la
Propuesta saharaui, “El Frente Polisario se
compromete también a aceptar los resultados del
referéndum, sean cuales fuesen, y a negociar ya con
el Reino de Marruecos, bajo los auspicios de las
Naciones Unidas, las garantías que está dispuesto a
otorgar a la población marroquí residente en el
Sáhara Occidental durante 10 años, así como al Reino
de Marruecos en aspectos políticos, económicos y de
seguridad, en caso de que el referéndum de
autodeterminación culmine con la independencia”
(http://www.umdraiga.com/noticias/propuestaFPabril07.htm).
10.
Si ahora, en estos momentos, soplan
nuevos vientos, es porque a la élite gobernante en
Marruecos se le han ido agotando sus cartas, porque
el pueblo saharaui ha sabido resistir dignamente,
una y otra vez, manteniendo su firme compromiso con
la legalidad internacional (que no utopía), tejiendo
una densa red de solidaridad entre todos los pueblos
y llevando su causa a todos los rincones del mundo.
Y porque la sociedad civil –que no siempre los
gobernantes- reclama, cada vez más, el respeto y la
aplicación de la legalidad internacional.
El
silencio, hoy, de muchos medios de comunicación
sobre la cuestión del Sáhara Occidental trae a la
memoria unas palabras de Lluis Llac que pensábamos
no volverían a ser ya necesarias: “vosaltres habéis
fet del silenci paraules”.
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