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SÁHARA OCCIDENTAL:
LA ÚLTIMA COLONIA EN ÁFRICA
Frank Ruddy*
Embajador de los Estados Unidos de
América
(retirado)
World Affairs Council
Alaska
Juneau, 31 de octubre de 2007
Anchorage, 2 de noviembre de 2007
*Ex Vicepresidente de la Misión de
las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara
Occidental
(MINURSO)
WESTERN SAHARA: AFRICA’S LAST COLONY
Frank
Ruddy*
U.S. Ambassador (ret.)
World Affairs Council
Alaska
Juneau October 31, 2007
Anchorage November 2, 2007
*Former Deputy Chairman
U.N. Peacekeeping Mission for Western Sahara
(MINURSO)
Original Text in English:
http://arso.org/RuddyAlaskaspeech2007.htm
http://arso.org/RuddyAlaskaspeech2007.pdf
EL SÁHARA OCCIDENTAL: LA ÚLTIMA
COLONIA EN ÁFRICA
Frank Ruddy*
Embajador de los Estados Unidos de
América (retirado)
*Ex Vicepresidente de la Misión de
las Naciones Unidas para el Referéndum del Sáhara
Occidental
(MINURSO)
World Affairs Council
Alaska
Juneau, 31 de octubre de 2007
Anchorage, 2 de noviembre de 2007
Original Text in English:
http://arso.org/RuddyAlaskaspeech2007.htm
http://arso.org/RuddyAlaskaspeech2007.pdf
.........................
Miembros del World Affairs Council,
distinguidos invitados, damas y caballeros:
Me complace haber sido
invitado para hablarles sobre el Sáhara Occidental.
Para prepararme esta visita, he visto antes la
película Into The Wild. Esperaba que mi alojamiento
fuera un autobús de colegio usado. Pero me he visto
gratamente sorprendido cuando me han enseñado una
estupenda habitación de hotel. No obstante, voy a
tener cuidado con las hierbas que le echo a la
ensalada.
Su Consejo, como su
propio nombre indica, tiene una sana curiosidad por
lo que está sucediendo en todo el mundo. Mis
predecesores en esta tribuna han sido los
presidentes de Mongolia e Islandia. Me alegro mucho
de que la atención de ustedes se centre ahora en
África del Norte, Marruecos, y en qué ha hecho y
está haciendo la ONU para resolver la invasión y
retención por parte de Marruecos de lo que es la
última colonia en el mundo: el Sáhara
Occidental. Voy a hablarles brevemente sobre la
historia del conflicto del Sáhara Occidental, mi
papel en el primer y fallido referéndum y las
perspectivas de entonces y de ahora, en 2007, para
resolver este conflicto. Mi intención es reservar
mucho tiempo para sus preguntas, ya que las
preguntas del público son siempre la parte más
interesante de cualquier presentación.
EL LUGAR:
El Sáhara Occidental es un país que ocupa una
superficie del mismo tamaño que Colorado,
aproximadamente. Se encuentra situado justo debajo
de Marruecos, donde su propio nombre indica, en el
extremo occidental del Sáhara. Voy a comenzar la
historia por la mitad, como dicen que deben empezar
las buenas historias, con la sesión del Congreso
celebrada en 1995 sobre cómo se gasta la ONU el
dinero que nosotros los americanos le asignamos. Se
decidió que la ONU organizaría el referéndum para la
autodeterminación del Sáhara Occidental. Voy a
trasladarme, por último, hasta el presente año, a lo
que se está haciendo ahora para resolver esta
cuestión.
En enero de 1995 fui
testigo en la sesión del Congreso sobre cómo la ONU
gastaba el dinero de los contribuyentes americanos.
Les voy a hablar de Chuck Lichenstein, antiguo
embajador de los Estados Unidos ante la ONU y
viceembajador de la embajadora Jeane Kirkpatrick.
Pese a su proximidad a la institución, o quizás
precisamente por ello, no era un gran entusiasta de
la ONU. Puede que aún recuerden sus famosas
observaciones de 1983. Chuck dijo: “Si los miembros
de Naciones Unidas han llegado a la sensata
conclusión de que no son bienvenidos y no son
tratados con la amistosa consideración que merecen,
Estados Unidos anima encarecidamente a los Estados
miembros a que se planteen seriamente abandonar, y
que esta Organización abandone, la tierra de los
Estados Unidos. No pondremos obstáculo alguno en su
camino, y les diremos adiós con la mano desde el
puerto mientras se alejan en el ocaso”.
Fue precisamente Chuck quien, escandalizado por los
actos de la ONU en el Sáhara Occidental, vergonzosos
incluso para los principios de la ONU, me cedió su
puesto para que pudiera dirigirme al Comité del
Congreso aquel día.
UNOS CUANTOS ANTECEDENTES:
El Sáhara Occidental fue una colonia española
llamada el Sáhara Español. Bajo la presión de la ONU
para efectuar una descolonización, España accedió a
retirarse del Sáhara Español, no sin antes
organizar un referéndum que permitiera a sus
habitantes votar sobre su propio y descolonizado
futuro. Sin embargo, antes incluso de que España se
hubiera retirado del Sáhara Español, Marruecos ya
había reclamado su soberanía ante el Tribunal
Internacional de la Haya. El Tribunal Internacional
rechazó la pretensión de Marruecos y, en su opinión
[dictamen], hizo dos observaciones muy importantes:
la primera, que Marruecos no tenía derecho a
reclamar la soberanía sobre el Sáhara Español, ahora
Sáhara Occidental; la segunda, que se debía celebrar
el referéndum organizado por España. El día después
de que fuera hecho público dicho dictamen, Marruecos
invadió el Sáhara Occidental en la que fue llamada
“la Marcha Verde”. Marruecos ocupa desde entonces el
Sáhara Occidental, que se ha convertido en el más
prolongado conflicto de la historia de las Naciones
Unidas.
Para situarnos en un contexto más familiar: el
congresista por Illinois, José Serrano, propuso
recientemente una legislación que permitiera a los
puertorriqueños decidir, mediante un referéndum, si
desean seguir formando parte de los Estados Unidos o
convertirse en un Estado independiente. Me tomo la
libertad de hacer una burda simplificación de la
propuesta de Serrano para poner un ejemplo.
Imagínense que la propuesta de Serrano se promulgara
en forma de ley y que el Tribunal Supremo dijera que
se tiene que celebrar dicho referéndum, pero que el
Gobierno estadounidense pasara por alto esa decisión
y enviara tropas para tomar la isla como territorio
propiedad de los Estados Unidos, y pospusiera
indefinidamente el referéndum. Admito que es un
panorama muy apocalíptico, pero nos da una idea
bastante aproximada de lo que viene sucediendo con
Marruecos y el Sáhara Occidental.
Los indígenas del Sáhara
Occidental, unos nómadas conocidos como saharauis,
emplearon la fuerza para resistirse a los
colonizadores marroquíes mediante su brazo armado,
el Frente POLISARIO, al igual que antes habían
opuesto resistencia a los colonizadores españoles.
Finalmente, Marruecos, no sin antes quedar
malparado, sofocó al POLISARIO, pese a su escasez
de armas y de soldados. Los saharauis no se
rindieron, sino que crearon un Gobierno en el exilio
en Argelia.
En 1991, el Plan de Paz
de la ONU para el Sáhara Occidental consiguió un
alto el fuego y un referéndum para la
autodeterminación supervisado por la ONU, que
permitiera al pueblo saharaui decidir si quería
integrarse en Marruecos o convertirse en un Estado
independiente. Si alguna vez hubo un trabajo hecho a
la medida para la ONU, era éste. Se estableció que
el referéndum se celebraría en 1992, pero [luego] se
pospuso hasta 1994. En ese momento es cuando yo
intervine.
EL REFERÉNDUM:
La ONU me contrató para llevar a cabo un referéndum
en el Sáhara Occidental. Esa era la principal
actividad de la misión de paz de la ONU llamada
MINURSO. Todas las misiones de la ONU tienen nombres
que suenan a jarabes para la tos, pero creí que la
ONU hablaba en serio. Quizá algunos de sus miembros
sí hablaban en serio en ese momento, pero el
referéndum fue, y sigue siendo, uno de esos fracasos
colosales y tremendamente costosos que han hecho de
la ONU el hazmerreír del mundo entero.
La tarea de la ONU parecía bastante sencilla:
celebrar un referéndum en el que se dilucidara una
cuestión: independencia o integración con
Marruecos. O eso es lo que parecía. En realidad no
fue tan simple. La ONU cedió a Marruecos el control
del referéndum. Lo cierto es que no se puede decir
de otra forma. Marruecos dictaminó cuándo y dónde
debería hacerse el registro de los votos, controló
la entrada a las instalaciones de registro de votos
de la ONU, e incluso decidió qué saharauis se tenían
que registrar.
Los observadores
marroquíes de las sesiones de registro de votantes
habían observado a bote pronto que la gente del
Sáhara Occidental quería la independencia, no la
integración con Marruecos. El modo en que Marruecos
se enfrentó a esa realidad incómoda fue posponer el
referéndum indefinidamente, hasta que no pareciera
viable, para poder permanecer exactamente en el
mismo lugar donde estaba, controlando el Sáhara
Occidental. Justamente lo que hizo.
Cuando estaba acabando
mi año en el Sáhara Occidental, me dieron órdenes de
que presentara mis informes conjuntamente al
representante del Secretario General de la ONU y al
representante de Marruecos. Ya ni siquiera se
pretendía que hubiera una misión independiente de la
ONU en el Sáhara Occidental.
Lo que expuse ante el
Congreso sobre la escandalosa actuación de la ONU en
el Sáhara Occidental no era una visión personal. El
abuso por parte de Marruecos de la gente del Sáhara
Occidental, y la impotencia de la misión de la ONU
para detener ese abuso, eran públicos y notorios. La
misión de la ONU era el hazmerreír de la diplomacia
en Rabat. Los cascos azules asignados a esta misión,
así como los funcionarios de la ONU, sabían que la
misión había desistido de la celebración de un
referéndum libre y justo. Por ese motivo, el
periodista Chris Hedges, de The New York Times, no
tuvo ningún problema en conseguir la información que
necesitaba para exponer en letra impresa la
vergüenza que constituía el referéndum.
El lenguaje petulante de
la ONU y sus apáticos resultados invitaban al
escepticismo, pero cuando en 1997 se anunció que
Baker, antiguo Secretario de Estado, iba a
encargarse de volver a poner en órbita este
referéndum, muchos nos quedamos impresionados. Más
que impresionados, diría yo. Por primera vez en
mucho tiempo, yo tenía esperanzas. Fui a la
conferencia que dio en el Capitol Hill [Congreso de
EE.UU.], y leí con mucho interés los informes sobre
sus reuniones en Marruecos, Argelia, Lisboa y
Londres. Él iba a salir del “impasse” o, como él
decía, al menos se enteraría de quién estaba
ralentizando el [proceso del] referéndum. Él era la
gran esperanza de un acuerdo pacífico.
Desgraciadamente, el Secretario [de Estado] Baker
fracasó. No sólo no consiguió encarrilar el
referéndum, sino que tampoco consiguió averiguar
quién lo estaba obstaculizando, aunque no cabía duda
de quién era. Propuso un periodo de cinco años del
llamado gobierno autónomo de los habitantes del
Sáhara Occidental, con el beneplácito de los
marroquíes, por supuesto, que iría seguido de un
referéndum. Parecía una propuesta absurda. Si
después de tantos años y de gastarse tantos millones
de dólares en ello, la ONU era incapaz de celebrar
un simple referéndum, ¿qué tipo de razonamiento
quijotesco podría justificar confiar en la
celebración de otro referéndum transcurridos cinco
años, durante los cuales los marroquíes seguirían
mandando miles de marroquíes al Sáhara Occidental
como colonos? La propuesta de Baker favorecía a
Marruecos tan claramente que nadie esperaba que los
saharauis la aceptaran. Pero sorprendentemente lo
hicieron, en un gesto de conciliación. Los
marroquíes, en cambio, consideraron que la propuesta
era un pacto leonino y la rechazaron. Mira por
dónde.
Horacio, el poeta romano, escribió “Las montañas
están de parto, y surge de sus entrañas un ratón”.
Esperábamos un gran Kilimanjaro diplomático de la
intervención del Secretario Baker pero, por
desgracia, nos ofreció un ratón diplomático.
Es conveniente que
hablemos de estas cosas ahora porque el mundo acaba
de conmemorar, porque no se puede decir celebrar, el
32 aniversario de la invasión del Sáhara Occidental
por parte de Marruecos. No podemos decir celebrar, a
no ser que estuviéramos dispuestos a celebrar
también la brutal invasión de Timor Oriental por
Indonesia, que es lo más parecido a la invasión
marroquí.
Otro punto que conviene
señalar es el enorme gasto de dinero en el
referéndum: se calcula que unos 100.000 dólares al
día en fecha tan lejana como 1995. Por entonces eso
se consideraba una cantidad escandalosa. Hoy en día
se podría considerar calderilla, tras el informe
Volcker sobre el escándalo de la ONU del Programa
Petróleo por Alimentos. Sin embargo, hay varias
similitudes entre ambos casos.
El Secretario General de
la ONU, Kofi Annan, cuyo hijo prosperó gracias al
escándalo del Programa Petróleo por Alimentos [the
Oil for Food Scandal], era el jefe de las fuerzas de
paz de la ONU, y por lo tanto de la MINURSO, cuando
comenzó el [proceso preparatorio del] referéndum. En
la MINURSO mostró la misma negligencia en el
cumplimiento de sus deberes de gestión que la que
sería documentada más tarde en el Informe Volcker.
Lo que yo había observado en la MINURSO y
testificado ante nuestro Congreso fue posteriormente
verificado por Human Rights Watch, Amnistía
Internacional y diversos periódicos y revistas, como
The New York Times, The Economist, y así
sucesivamente.
LA MALA FE DE LA ONU:
Hay algo peor que el inaudito gasto de esta misión a
lo largo de los años: el doble rasero de la ONU en
su gestión: la ONU vendió a unos “don nadie”, los
saharauis —por cuyo derecho a la autodeterminación
debía celebrarse el referéndum—, para ganarse el
favor de un “alguien”, el rey Hasán II de Marruecos,
que había invadido el Sáhara Occidental y perdido su
reclamación sobre este territorio ante el Tribunal
Internacional [de Justicia de La Haya], pero que
había conseguido convencer a su viejo compinche
norteafricano Boutros Boutros-Ghali para que la ONU
corriera un tupido velo sobre la manifiesta agresión
y ocupación del Sáhara Occidental por parte de
Marruecos. Y éste es un punto importante. Según los
propios marroquíes o los multimillonarios grupos de
presión [lobbies] que tienen en Washington, el
Tribunal Internacional [de Justicia] dictaminó a
favor de Marruecos allá por 1975. Como ya he
indicado anteriormente, el Tribunal no hizo tal
cosa, y les invito a todos ustedes a que busquen en
Internet la decisión del Tribunal [TIJ] y la lean
ustedes mismos.
QUÉ SALIÓ MAL EN EL
[PROCESO PREPARATORIO DEL] REFERÉNDUM[1]:
Esos mismos grupos de presión [lobbies] bien
remunerados que acabo de mencionar subrayan el gran
aliado que tiene Estados Unidos en Marruecos. Bueno,
eso es cierto. Marruecos no es la encarnación del
mal. La cuestión que nos ocupa es, sin embargo, que
por mucho que Marruecos nos esté ayudando a llevar a
cabo misiones diplomáticas en otros lugares, sobre
todo en Oriente Medio, ese mismo aliado, Marruecos,
ha tenido un comportamiento mafioso en el Sáhara
Occidental. Por ejemplo:
Portavoces árabes que
trabajaban para la ONU me informaron de que los
saharauis que se registraban como votantes se
quejaban (en hassanía, el dialecto árabe local) de
que algunos amigos y familiares suyos se habían
registrado para votar en los centros que regentaban
los marroquíes, pero que nunca aparecieron en las
listas de votantes. Los marroquíes los habían
privado del derecho al voto. Otros se quejaban de
que sus amigos o familiares estaban en la lista para
registrarse como votantes, pero que los marroquíes
no se lo permitieron. La policía marroquí mantenía a
raya a todo el que no hubiera sido aprobado por las
autoridades marroquíes. La gente que venía a
registrarse determinado día, ni siquiera podía
entrar. Sólo podían hacerlo los que tuvieran el
sello de aprobación marroquí. Así, los marroquíes
controlaban quién se registraba para votar.
Bienvenidos al estado policial marroquí del Sáhara
Occidental. Por supuesto, esto no es lo que cabía
esperar, y tampoco es el tipo de proceso que se
supone que la ONU estaría dispuesta a financiar.
Precisamente por esto, no podíamos invitar a los
saharauis a rellenar una solicitud de voto en
nuestros centros. No se permitía a ningún saharaui
estar en ningún sitio donde el Gobierno marroquí no
quisiera que estuviera. No me cansaré de repetirlo:
el Sáhara Occidental, bajo el control marroquí, es
un estado policial, algo a lo que nosotros los
americanos no estamos acostumbrados, un estado
policial muy eficaz, que funciona a pleno
rendimiento.
Otra observación más: algunos saharauis que
informaron de lo que los marroquíes les estaban
haciendo, nos pidieron a los de la ONU que les
buscáramos en el caso de que desaparecieran. Muchos
dijeron que temían por sus vidas si los marroquíes
los veían hablando con gente de la ONU. Otros nos
pidiéramos que hiciéramos como si no los
conociésemos si los veíamos fuera del Centro de la
ONU. Decir que estaban aterrorizados es quedarnos
cortos. Sus comentarios me recordaban, más que a
ningún otro lugar, a Sudáfrica a principios de la
década de 1970, cuando los negros te hablaban sin
tapujos en la Embajada de Estados Unidos en Pretoria
o Ciudad del Cabo, porque se sentían a salvo allí,
pero en cuanto salían de allí fingían no conocerte,
por si la policía especial sudafricana les veía
hablando con “alborotadores extranjeros”.
Marruecos no quería y
sigue sin querer el referéndum, porque los riesgos
superan en mucho a cualquier posible ganancia. Desde
su punto de vista, el status quo no es tan malo.
Pero, desde el punto de vista de las relaciones
públicas, Marruecos no puede permitirse el lujo de
parecer el malo de la película y sigue encontrando
maneras de retrasar el referéndum hasta que todo el
mundo se canse del tema. Es una táctica a largo
plazo que, en ocasiones, resultas simplemente
absurda. En una ocasión, como si fuera una obra de
Ionesco, Marruecos detuvo el proceso de
identificación durante más de una semana, a un
precio, otra vez, de 100.000 dólares al día, por la
cuestión de si un adverbio empleado en un programa
propuesto por la MINURSO era el más apropiado. Esto
provocó un intercambio de cartas formales y una
buena dosis de objeciones petulantes. Si Marruecos
estaba realmente interesado en aclarar el asunto, y
no en simplemente retrasar el proceso, se podía
haber solucionado en dos minutos, con una llamada de
teléfono del antiguo embajador togolés, que hablaba
francés y era quien había redactado la carta.
Ese mismo mes, el oficial de enlace marroquí con la
MINURSO, un tal Mohammed Azmi, se jactó públicamente
en un bar, ante un grupo de trabajadores de la
MINURSO, de que él era el único que decidía si iba a
continuar la identificación al día siguiente. Y para
demostrarlo, cogió el teléfono (era casi medianoche)
y, delante de todo el mundo, canceló las sesiones de
identificación de la semana siguiente.
Estos son los actos de
gente maquiavélica que hace lo que le viene en gana,
con impunidad frente a sanciones de la ONU y sin
tener el menor escrúpulo por la integridad
[honestidad] del referéndum ni por el gasto que
están ocasionando.
Estaba previsto que el
proceso de identificación comenzara el 15 de junio
de 1994, pero su comienzo se retrasó dos meses y
medio, con un coste de millones de dólares, mientras
la ONU, los saharauis y Marruecos se metían en más
negociaciones que representaban una pérdida de
tiempo, esta vez sobre cómo llamar a los
representantes de la Organización para la Unidad
Africana (OUA) que iban a venir a observar la
identificación. Los marroquíes habían abandonado la
OUA años antes, porque esta Organización había
reconocido la República Árabe Saharaui Democrática
(RASD), el nombre diplomático de la patria saharaui,
y Marruecos decía que no quería que la gente de la
OUA participara en el referéndum. Los representantes
de la OUA formaban parte del proceso del referéndum
y, como bien sabían los marroquíes, tenían que estar
allí. Al final se llegó a un acuerdo sobre cómo se
les tenía que llamar, y se permitió la entrada a los
representantes de la OUA. Lo absurdo es que todo
esto ya se había resuelto en 1993, así que no había
necesidad de volver a inventar la rueda una vez que
había comenzado el [proceso preparatorio del]
referéndum.
MATONISMO:
A todo el que se
registraba para votar le entregaban un recibo y,
cuando se hizo pública la lista de los que podían
votar, se suponía que las personas que aparecían en
dicha lista iban a entregar esos recibos para que
les dieran una papeleta. En vez de eso, lo que
estaba sucediendo en El Aaiún, la capital del Sáhara
Occidental, era que los saharauis que volvían de los
centros de registro de votantes eran forzados a
entregar sus recibos a los marroquíes. Esto permitía
a personas sin derecho a voto presentar los recibos
y obtener papeletas. En Chicago lo llamamos voto
fraudulento.
El proceso de registro
de votantes comenzó de verdad el 28 de agosto de
1994, simultáneamente en el Sáhara Occidental y en
Argelia, sede del Gobierno saharaui en el exilio.
Podemos decir con toda certeza que, para esta fecha,
la MINURSO dejó de ser una operación gestionada por
la ONU y pasó a ser el instrumento utilizado por
Marruecos para dominar el proceso de identificación
de los votantes.
Para comprar espacio en
los medios de comunicación marroquíes es necesario
obtener un permiso del Gobierno, y Marruecos siempre
había negado a la ONU el permiso para comprar
espacio en los periódicos o en la radio marroquíes,
al objeto de poder informar a la gente de que tenía
que registrar su voto. (La libertad de prensa es
otra víctima más de un Estado policial). Pero eso
era moco de pavo en comparación con lo que iba a
suceder después del 28 de agosto. El antiguo Primer
Ministro británico, Harold Macmillan, se refirió a
la técnica que emplearían los hermanos Borgia para
invadir una ciudad del Norte de Italia. Viendo cómo
obraban los marroquíes, me acordé de su descripción.
ALGUNOS EJEMPLOS:
La noche antes de que comenzara el proceso de
registro de votantes en El Aaiún, el enlace marroquí
con la MINURSO reconvino al Jefe de la Misión
MINURSO, el Sr. Eric Jensen, en una comida ante
marroquíes y trabajadores de la MINURSO, y le ordenó
quitar todas las banderas de la ONU del edificio de
la ONU en el que iba a tener lugar el registro de
los votantes, o anularía el registro de votantes.
Por desgracia, el Jefe de la Misión no era un John
Wayne, y ordenó incluso que quitaran la bandera de
la ONU de la sala en la que iba a tener lugar la
ceremonia de la apertura.
Durante los días que duraron las sesiones de
apertura en El Aaiún, unos supuestos periodistas
marroquíes fotografiaron y grabaron en video cada
minuto de cada día, e hicieron fotos de cada
saharaui que vino para identificarse. Estos
supuestos periodistas resultaron ser agentes de
seguridad marroquíes, como comprobaron nuestros
periodistas y el jefe alemán de los observadores de
la policía de la ONU. En la televisión marroquí
jamás se emitió ni un segundo de esas horas de
supuesto material televisivo.
Unas cuantas semanas después, se encontraron
teléfonos intervenidos en las líneas locales y en
todas las líneas internacionales en la sede de la
MINURSO. Las escuchas desembocaban en una línea
local marroquí. Este hecho se silenció. No hubo
investigación alguna, pero el empleado de la ONU que
instaló los micrófonos ocultos fue apartado
secretamente, para evitar cualquier prueba que
pudiera implicar a la ONU. El correo había sido
interceptado regularmente, y se registraban con
regularidad las salas del personal de la MINURSO,
pero ésta era una nueva treta. El Gran Hermano nos
estaba escuchando y también observando.
Durante las semanas
siguientes, Marruecos, y no la ONU, era quien nos
daba instrucciones sobre nuestro trabajo y nuestros
horarios de vuelo. La ONU trabajaba cuando los
observadores marroquíes lo consentían. Los
marroquíes insistieron también en que los aviones de
la ONU volvieran vacíos, y a un gran coste, de El
Aaiún, donde estaban aparcados, cruzando el desierto
hasta llegar a los campos de los saharauis en
Argelia. Así llevaban a los observadores marroquíes
de vuelta a casa y, de paso, demostraban que el
proceso estaba bajo su control.
En El Aaiún, los marroquíes trataban las
instalaciones de la ONU para identificar a los
votantes como si fueran de su propiedad. Entraban en
ellas como Pedro por su casa, dejándolas abiertas,
si era necesario, para alojar votantes tardíos. En
una ocasión, cuando llegó el enlace marroquí con la
MINURSO al centro de identificación, entró en cólera
porque tuvo que esperar unos minutos a que le
abrieran la puerta, para entrar en lo que él llamaba
“chez moi”, mi casa. El apocamiento de la ONU
permitió a los marroquíes considerar las
instalaciones de la ONU en El Aaiún, no como un
recinto extraterritorial de la ONU [con status
diplomático], sino como propiedad suya.
En resumen, durante el
tiempo que pasé en el Sáhara Occidental, Marruecos
llevó a cabo una campaña de terror contra el pueblo
saharaui, sin que el representante elegido a dedo
por Boutros-Ghali moviera una ceja. Como ya he
señalado anteriormente, no había visto nada parecido
desde que vi en acción al Gobierno sudafricano del
apartheid contra los negros sudafricanos, cuando
visité el país a principios de la década de 1970 con
Roy Wilkins, que era jefe de la N.A.A.C.P.
(Asociación Nacional para el Progreso de la Gente de
Color). No es sólo que Marruecos ejerciera
influencia en el referéndum, sino que lo controlaba
hasta el más mínimo detalle, por ejemplo qué días
funcionaba la misión. Marruecos pinchó los teléfonos
de la ONU, interceptó su correo y registró con toda
impunidad las habitaciones donde vivían sus
empleados. Y lo que es más importante, las
autoridades marroquíes privaron por doquier del
derecho al voto a los votantes saharianos, y los
reemplazaron por infiltrados marroquíes.
Los extranjeros como yo, así como los empleados
contratados por la ONU y otros profesionales
veteranos de la Organización, informaron
directamente de estos atropellos al Representante en
la MINURSO de Boutros-Ghali, pero podrían habérselo
ahorrado. El hombre de Boutros Ghali les despachó
sin contemplaciones. Simplemente le faltaba la
dignidad o el empuje para enfrentarse al gángster en
jefe del Rey en el Sáhara Occidental, Mohammed Azmi.
Si leen Nuestro hombre en La Habana, de Graham
Greene, podrán reconocerle: un encantador y
despiadado policía, como el capitán Segura de Greene,
jefe de la policía de Batista.
Antes de dejar la Misión para siempre cuando acabó
mi año allí, le envié una carta a Kofi Annan
haciendo hincapié en el fraude, el despilfarro y los
abusos que había observado en la MINURSO, y me
ofrecí a hablarlo con él en Nueva York, cuando
volviera allí. Su contestación fue que lo que le
estaba diciendo “no era serio” (según sus propias
palabras). Cuando testifiqué ante el Congreso, mi
testimonio fue recogido por escrito por el servicio
de teletipos y llegó a todo el mundo. Fue, por
ejemplo, portada en una revista muy popular, Jeune
Afrique. Cuando la historia se difundió por los
medios de comunicación, el Secretario General de la
ONU, como el Capitán Renault de Casablanca, se
mostró “horrorizado, horrorizado” al oír que pasaban
esas cosas en la MINURSO, apresurándose a poner
sobre el caso a un nuevo y flamante inspector
general.
Su inspección, como era
de esperar, consistió en blanquear la misión, y fue
literalmente de risa. John Bolton dijo, por aquel
entonces, que si un inspector general federal
hubiera hecho un informe así, se habrían carcajeado
de él y le habrían echado de la ciudad antes de que
se secara la tinta de su firma.
Por ejemplo, el coronel de la Armada de los EE.UU.,
Dan Magee, que mandaba las tropas estadounidenses en
la MINURSO, se había quejado de que un funcionario
veterano de la misión despreciaba frecuentemente a
sus tropas, refiriéndose a ellas como “una panda de
ladrones” porque les dejaba fríos la manipulación de
la misión por parte de Marruecos. Magee pensaba que
al Inspector General de la ONU le interesaría
conocer ese tipo de actitud anti-americana. Pero se
equivocaba. Al Inspector General no le interesaba
porque el oficial menospreciaba también otras
nacionalidades, y, por lo tanto, era un fanático de
la igualdad de oportunidades. Increíble pero cierto.
Pero, como decía Casey Stengle, “se puede
consultar”. El hombre del Inspector General le dijo
a otra empleada de la MINURSO, una americana de
origen libanés llamada Mara Hanna, que estaba
consternada por lo que había visto hacer a Marruecos
en la misión: “Si contesta con sinceridad a mis
preguntas, nunca volverá a trabajar para la ONU”.
Ella contestó efectivamente con toda sinceridad y,
tal como declaró en el edificio de oficinas de la
Rayburn House, la ONU la ha vetado desde entonces.
El Consejo de Seguridad,
bajo el liderazgo del embajador argentino, Emilio
Cárdenas, rechazó el informe estilo Inspector
Clouseau del Inspector General a los pocos días de
su aparición. Según The Washington Post, el
embajador Cárdenas calificó el informe de inspección
de “cuentos chinos de la MINURSO”.
El motivo por el que el informe de inspección
original se hizo de manera tan chapucera fue que,
como reconoció posteriormente el propio Inspector
General, según la normativa de la ONU, en realidad
él no tenía permiso para hacer gran parte de la
inspección. Le prohibieron, por ejemplo, considerar
la posibilidad de que Marruecos estuviera obrando
mal en el [proceso del] referéndum. Hay que tener en
cuenta que Marruecos es miembro de la ONU, y el
Inspector General de la ONU no estaba autorizado a
avergonzar a un Estado miembro reconociendo que
había tenido un mal comportamiento durante el
[proceso del] referéndum de la ONU. Es como si a un
fiscal, en nuestro país, se le prohibiera investigar
posibles delitos graves de un alto cargo del
gobierno federal porque podría ofender a la persona
o al cargo que se está investigando. Bienvenidos al
absurdo de la ONU.
La ONG Human Rights
Watch, con sede en Nueva York, publicó un devastador
informe de 38 páginas sobre la MINURSO, documentando
flagrantes violaciones de los derechos humanos y
fraude de votos [vote fraud] cometidos por Marruecos
en las mismísimas narices de la misión. Como era de
esperar, ni la misión ni la ONU hicieron comentario
alguno.
Quizá el mejor ejemplo de que la ONU actuaba como si
no hubiera pasado nada fuera el que yo hubiera sido
invitado, y después ‘desinvitado’, a hablar en el
Cuarto Comité de la Asamblea General de la ONU. ¡El
Comité sobre COLONIALISMO! Dicho Comité se ocupa de
lo que pasa en el Sáhara Occidental porque se trata
de la última colonia en el mundo. Considero todo un
honor que el propio Boutros-Ghali interviniera
personalmente para evitar que el Cuarto Comité oyera
lo que yo tenía que decirles sobre la MINURSO. Me
dijeron que, en los 60 años de vida del Comité de la
ONU, yo había sido la única persona a la que se le
había impedido hablar allí. El Secretario General
impidió que el Cuarto Comité, compuesto en su
totalidad por Estados miembros de la ONU, escuchara
a alguien que precisamente podría haberles dicho que
la ONU se estaba gastando cerca de mil millones de
dólares en una misión y en un referéndum que no iban
a ninguna parte.
Para poner la guinda
sobre el pastel de la ONU —una cuarta parte de cuyos
gastos, aproximadamente, pagamos ustedes y yo y
todos los contribuyentes de Estados Unidos—, les
diré algo más. Cuando el ex Ministro de Justicia
estadounidense Dick Thornburgh trabajaba como
Subsecretario de Gestión de la ONU, le presentó a
Boutros-Ghali un informe para mejorar su
funcionamiento, eliminando gastos innecesarios y
fraudulentos y ahorrando cientos de millones de
dólares. Boutros-Ghali, como declaró públicamente
Thornburgh, ordenó que se suprimiera el informe y se
destruyeran las copias que quedaran.
(Afortunadamente, Dick conservó algunas).
Pero no quiero abandonar
esta tribuna con un malentendido. Pese a todo lo que
he dicho aquí hoy, y a que evidentemente me ha
decepcionado el comportamiento de la ONU, no estoy
en contra de Marruecos. Puede que, salvo en lo que
respecta al Sáhara Occidental, pueda ser un buen
aliado nuestro. Incluso afirma (erróneamente) que ha
sido nuestro primer aliado contra los británicos. El
problema que tengo con ellos es que invadieron el
Sáhara Occidental tan ilegalmente como Indonesia
invadió Timor Oriental, y una vez allí Marruecos se
comportó de forma indigna, sin que le frenara el
menor temor a [posibles] sanciones de nuestro
Departamento de Estado.
Es triste para mí, como estadounidense, haber visto
en los países en los que he prestado mis servicios,
en Guinea Ecuatorial y el Sáhara Occidental, que
nuestro Gobierno apoya a los matones que mandan en
esos lugares e ignora a la gente de bien que vive
allí y quiere y merece algo mejor. Estados Unidos ha
doblado el espinazo ante el presidente de Guinea
Ecuatorial, Teodoro Obiang Mbasago, porque tiene
mucho petróleo que vender, aun cuando sea un ladrón
despiadado del patrimonio de su país, un torturador
de su pueblo y un dictador que aparece en las listas
de los mayores dictadores del mundo (de hecho, en la
última ocupaba el número 9). Hace poco, el
Secretario de Estado le recibió en el Departamento
de Estado, y le llamó “un gran amigo de los Estados
Unidos”. Tampoco nos hemos enfrentado a la
machtpolitik [política de fuerza, en sentido
militar] de Marruecos porque Marruecos nos ayuda en
otras áreas. Esto explica por qué la declaración
aparentemente insípida de David Welch, Secretario
del Departamento de Estado para Oriente Próximo, en
junio de este año, sirvió para apoyar el plan de
autonomía de Marruecos. Simplemente obedecía
órdenes, como alguien dijo una vez. El ya fallecido
Daniel Patrick Moynihan, en sus memorias como
embajador de Estados Unidos ante la ONU, fue más
franco. Reconoció que le habían encomendado la tarea
de impedir que el Sáhara Occidental se convirtiera
en un Estado independiente, y afirmó haberla
cumplido muy bien. Claro que eso sucedió durante la
Guerra Fría, cuando el Sáhara Occidental tenía los
amigos equivocados, y Henry Kissinger no quería otra
Angola en la costa occidental africana. Pero la
Guerra Fría hace ya mucho tiempo que terminó.
Mis esperanzas fueron muy grandes cuando tuvimos a
John Bolton en la ONU. Él sabía dónde estaban
enterrados los cuerpos. Es un abogado que no se anda
con tonterías y trabajó en el Plan Baker con el
Secretario [de Estado] Baker. Si alguna vez hubo
razones para esperar que se emprendiera una reforma
real en la ONU y se llegara a una solución justa
para el Sáhara Occidental, John Bolton era la
encarnación de esa esperanza. Sin embargo, por
desgracia, John Bolton no estableció políticas
nuevas. Llevó a cabo su tarea como hubiera hecho
cualquier persona honorable nombrada por la
Presidencia, y esa política se inclinaba
ostensiblemente a favor de Marruecos.
2007: LAS PERSPECTIVAS DE UNA SOLUCIÓN PARA SALIR
DEL PUNTO MUERTO:
A mediados de agosto de 2007, poco antes de que los
representantes de los saharauis se encontraran con
los de Marruecos en Long Island para discutir por
enésima vez el futuro del Sáhara Occidental, en esta
ocasión el último plan de autonomía concebido por
Marruecos, veinticuatro miembros del Congreso
estadounidense enviaron una carta al presidente Bush.
En dicha carta, le urgían a “tomar medidas que
garanticen que su Administración demuestra respeto
por el derecho de los saharauis a elegir
democráticamente su propio futuro político y
económico”. Esta frase afecta directamente al
mismísimo meollo del conflicto del Sáhara
Occidental. Porque, en realidad, El conflicto no lo
ha provocado un plan de autonomía, que es sólo la
última de la larga lista de ilusiones que Marruecos
ha ido creando a lo largo de los años para distraer
la atención mundial de la verdadera cuestión: su
descarada apropiación territorial del Sáhara
Occidental. Una apropiación que les robó a los
habitantes del Sáhara Occidental no sólo su patria
sino también la capacidad de tener voz y voto en su
propio futuro. El delito de Marruecos fue
contemporáneo de la ocupación de Timor Oriental por
parte de Indonesia, e igual de flagrante. Formó
parte de lo que la revista británica The Economist
llamó la doble Anschluss [la doble anexión].
Pero los hechos son
tozudos y se empeñan en salir a la luz, por más que
Marruecos se empeñe en esconderlos. Ya hemos
mencionado la opinión [dictamen] del Tribunal
Internacional sobre la cuestión, una decisión no
favorable a Marruecos que, como era previsible,
Marruecos pasó por alto, invadiendo el territorio
saharaui. Pese a las docenas de resoluciones del
Consejo de Seguridad de la ONU desde 1975,
reafirmando el derecho de los saharauis a la
autodeterminación, y pese al Comité de la ONU sobre
Descolonización, que trataba al Sáhara Occidental
como colonia marroquí, Marruecos continúa situándose
por encima de la ley, bien afianzado en su control
del Sáhara Occidental, la última colonia en África.
Los abogados anglosajones utilizan una expresión,
res ipsa loquitur, que quiere decir que la cosa
habla por sí sola, y significa que en ciertas
situaciones transparentes como el cristal, la
presunción de culpabilidad se deduce de la mera
exposición de los hechos. Este es el caso del Sáhara
Occidental.
Ahora, los marroquíes
proponen un plan de autonomía limitada para el
Sáhara Occidental, por supuesto bajo supervisión
marroquí. El plan marroquí de autonomía limitada
para El Sáhara Occidental podría parecer un paso
adelante, al menos cuando no se lee la letra
pequeña. Porque el Artículo 6 de este plan estipula
que Marruecos conservará sus poderes en todo lo
concerniente al ámbito de la Corona, especialmente
en cuanto a Defensa, Relaciones Exteriores y las
prerrogativas constitucionales y religiosas de su
majestad el Rey. En otras palabras, los marroquíes
están ofreciendo la autonomía en todo, menos en lo
que realmente importa.
El plan se va volviendo cada vez más falso. Los
marroquíes dicen que su plan va a ser sometido a un
referéndum, ¿pero quién va a votar en ese
referéndum? ¿Los marroquíes? Eso sería absurdo. ¿Los
propios saharauis? Si así fuera, ¿qué pasa si los
saharauis rechazan el plan? ¿Significará eso que
consiguen la independencia? Pueden estar seguros de
que Marruecos jamás toleraría ese resultado. El
único referéndum que merecería la pena tener en
cuenta es un referéndum que los saharauis puedan
aprobar, es decir, un referéndum que ponga todas las
opciones sobre la mesa. Pero no caerá esa breva. Y
cualquier otra cosa sería una farsa.
La historia de este
conflicto es absolutamente descorazonadora para
quien crea en el imperio de la ley. Voltaire, que no
tenía mucha fe en el sistema jurídico internacional,
fue meridianamente claro tras reseñar el más famoso
tratado de derecho internacional de su época, el
Droit des Gens de Vattel: “¿Un derecho internacional
para todas las naciones? ¡Ya sólo falta que hablen
de un código de conducta para los gángsters y
salteadores de caminos!” Y las cosas no han cambiado
tanto desde entonces. Marruecos se ha comportado sin
el menor escrúpulo desde que invadió el Sáhara
Occidental porque tiene tremendas presiones internas
para hacerlo así. Esas mismas presiones políticas
internas requieren, desde que comenzó el conflicto,
el gasto de miles de millones de dólares para
eliminar la posibilidad de un Estado independiente
al sur de Marruecos.
Para resarcirse de los
extraordinarios gastos de su agresión, Marruecos
intentó, entre otras cosas, explotar todos los
recursos petrolíferos que pudieran existir cerca de
la costa [aguas territoriales] del Sáhara Occidental
hasta que, en 2002, el Asesor Jurídico de la ONU,
Hans Corell, intervino para señalar que “…la
exploración y saqueo de los recursos marinos, y
otros recursos naturales, de los territorios
coloniales y territorios no autónomos, por parte de
intereses económicos foráneos viola las resoluciones
relevantes de las Naciones Unidas y es una amenaza
para la integridad y la prosperidad de dichos
territorios”. La traducción de esta jerga jurídica
es que Marruecos, como potencia ocupante pero no
administradora, debe dejar de esquilmar los recursos
naturales del Sáhara Occidental.
Sin haber quedado escarmentado en absoluto por esta
amonestación, Marruecos firmó recientemente un
Acuerdo de Pesca con la Unión Europea, por el cual
la UE paga a Marruecos una inmensa cantidad de
dinero por permitir que 119 barcos de países
miembros de la UE pesquen en sus aguas atlánticas,
incluyendo las aguas del Sáhara Occidental. Por lo
menos en este caso, Marruecos no actúa solo en el
robo de los recursos naturales del Sáhara
Occidental, sino que esto forma parte de una
conspiración conjuntamente con la UE. Para
Marruecos, ésta es la forma habitual de hacer
negocios, pero resulta incomprensible que la UE
actúe de la misma manera, sabiendo perfectamente que
este modo de actuar hace caso omiso de la
declaración de Corell sobre la inviolabilidad de los
recursos naturales del Sáhara Occidental.
En la actualidad, 70
países reconocen al Sáhara Occidental, aun cuando
Marruecos ha estado intentando intimidar, con
tácticas abusivas, a algunos de los países más
pequeños para que retiren este reconocimiento. El
Sáhara Occidental también es miembro de pleno
derecho de la Unión Africana, sucesora de la
Organización para la Unidad Africana. Estos hechos
exigirían, cuando menos, la contención de la UE,
pero no ha sido así.
Pese a toda la verborreíca grandilocuencia
diplomática en la ONU, en Washington y en todas
partes, sobre el derecho de los pueblos a la
autodeterminación, los países que podrían hacerla
posible en el Sáhara Occidental están dispuestos a
echar por la borda el derecho de una pequeña Nación
a decidir sobre su futuro para, así, aplacar a
Marruecos y sus indignantes exigencias
irredentistas. Cuando los alemanes invadieron
Chechoslovaquia hace 70 años, el Primer Ministro,
Neville Chamberlain, lo consintió aduciendo la
necesidad que tenía Alemania de un lebensraum
[espacio vital]. No hay nada nuevo bajo el sol…
Afortunadamente, para todos los interesados en que
haya justicia para el Sáhara Occidental, su Consejo
[el World Affairs Council] participa ahora en el
debate sobre este conflicto. Su labor al organizar
esta presentación ha hecho mucho por poner al Sáhara
Occidental en el mapa geopolítico para aquellos que
no están familiarizados con el tema, y por
explicarnos al resto por qué es tan importante, no
sólo para los saharauis sino para las grandes
potencias, este conflicto que comenzó hace 30 años.
También pone de relieve que el Sáhara Occidental no
es un telonero [segundón] al que la ONU trate con
condescendencia, mientras centra su atención en
otros puntos calientes del planeta.
Tras los ataques terroristas del 11 de septiembre en
Nueva York, la gente de todo el mundo dijo: “Todos
nos sentimos neoyorquinos”. Espero que algún día,
gracias a congresos como éste, podamos oír a alguien
decir: “Todos somos saharauis”.
Muchas gracias.
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