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Sáhara Occidental. Realismo
desvergonzado en la ONU
Por
GEES
En Libertad Digital nº 1460 | 8 de Mayo de 2008
Tras su bendición a la independencia a Kosovo, las
Naciones Unidas podrían caer en la tentación de una
nueva excepción en la aplicación del derecho
internacional, esta vez para resolver el conflicto
del Sáhara Occidental.
La resolución 1813 aprobada el pasado día 30 de
abril
por el Consejo de Seguridad recurre a la aplicación
del derecho internacional, no en función de lo que
dicta la ley, sino de lo que mejor conviene a las
grandes potencias presentes en el Consejo de
Seguridad.
Este realismo desvergonzado hay que traducirlo,
cuando se habla del conflicto del Sáhara Occidental,
por esa solución que Marruecos intenta imponer desde
la invasión de la colonia española en 1975 para
evitar el referéndum de autodeterminación al que, de
acuerdo a derecho, debería acceder el pueblo
saharaui para decidir entre la independencia o la
anexión definitiva a su vecino del norte.
Recientemente, el propio enviado especial de la ONU
para el Sáhara Occidental, el holandés Peter Van
Walsum, se ha unido a la coral de los aliados y
simpatizantes de las tesis anexionistas del agresor,
al declarar que la independencia del territorio no
era una "solución realista". El departamento de
Estado en Washington también ha ahondado en esta
línea al manifestar sus portavoces que "un estado
saharaui independiente no es una opción realista" y
que, en cambio, consideran como la "única" vía
realista de solución el que los saharauis se
conformen con una forma de autonomía bajo la
soberanía marroquí.
No es de extrañar, por lo tanto, que el Gobierno de
Marruecos se haya mostrado exultante por el texto de
la resolución que recomienda a las partes "visión
realista" y "espíritu de compromiso". La
exhortación al realismo lleva implícito que cada uno
debe ceder en sus aspiraciones y, en este caso, a
los saharauis no les queda más concesión que
renunciar al derecho de autodeterminación que las
propias Naciones Unidas le reconocieron. Como
advirtió el embajador de Suráfrica, país que
presidía el Consejo de Seguridad al aprobarse la
resolución, lo que la ONU viene a decirle al pueblo
saharaui es que "si eres débil, tienes que aceptar",
aunque la verdad y el derecho esté de su parte. Mal
asunto, porque lo que vale para los saharauis
también podría valer para los débiles de otros
conflictos. ¿Y si se le tomase el gusto al realismo
y se le dijera lo mismo a los palestinos frente a
Israel?
Claro que en Naciones Unidas a nadie se le
ocurriría, al menos por el momento, plantear el
realismo para la solución del conflicto palestino.
En cambio, en un conflicto menos publicitado como es
el saharaui, la posibilidad de que el Frente
Polisario aceptara sus recomendaciones le evitaría
el molesto engorro de tener que reconocer un sonado
fracaso en la aplicación de un plan de paz cuyo
única complicación es el descarado torpedeo que,
desde el primer día del despliegue de los cascos
azules en el Sáhara, ha recibido por parte de
Marruecos. El esfuerzo que en Naciones Unidas se ha
desplegado para evitar condenar esta flagrante
desobediencia constituye un escándalo que debería
bastar por sí solo para disuadir a cualquier estado
implicado en un conflicto de acudir a la ONU para
resolver el problema, a menos de que cuente con el
apoyo de los grandes.
La gestación de la resolución 1813 es un ejemplo de
la enorme ventaja con la que juega incluso quien
tiene el derecho en contra si compensa este fallo
con la amistad de los poderosos: la luna de miel en
las relaciones franco-americanas tras la crispación
antiamericana que orquestó el no a la guerra de
Chirac ha protegido a Marruecos de los denonados
esfuerzos de los miembros no permanentes del
Consejo, Suráfrica y Costa Rica. Éstos han intentado
equilibrar el realismo desvergonzado de la ONU con
una alusión a la continua violación de los derechos
humanos con la que el rey Mohamed intenta asegurarse
la integración del Sáhara a su proyecto de Gran
Marruecos. Pero no ha surtido efecto. Las
detenciones arbitrarias, la tortura y la
desaparición que las fuerzas de ocupación marroquí
practican en el Sáhara forman parte de la dosis de
realismo que los saharauis tendrán que tragar si
quieren que Naciones Unidas no les acuse de
torpedear la paz.
Y España, ¿a qué juega en este despropósito tan
injusto? A juzgar por su colaboración en la
redacción de la resolución y por el silencio con el
que ha dado por buenos los argumentos del realismo
promarroquí –¿formará parte del ideario de la
Alianza de las Civilizaciones?–, simplemente a dejar
hacer a Francia y Estados Unidos. Todo en nombre de
la buena amistad con un Marruecos que todo lo exige,
no sea que al rey Mohamed se le venga a la cabeza la
Marcha Verde, esta vez contra Ceuta y Melilla.
Cuando lo principal es mantener inmaculada la honra
pacifista, la mejor defensa es evitar el conflicto.
Es decir, dejar tirados a los saharauis y colaborar
en el incumplimiento descarado del derecho
internacional que los socialistas españoles dicen
defender... Porque el realismo desvergonzado de
Naciones Unidas en el Sahara sí es inmoral, ilegal e
ilegítimo.
Libertad Digital
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