El conflicto del Sáhara lleva tres décadas sobre la
mesa de la ONU esperando a que se cumplan las
directrices que deberían llevar a su independencia,
pero las trabas que pone Marruecos y la desidia de
la comunidad internacional mantienen la cuestión en
el atolladero. Kosovo ha logrado el mismo objetivo
con otra estrategia: saltarse a la torera el
derecho internacional. Uno y otro caso
tienen muy diferente pelaje, pero ha sido
irremediable que la secesión de la región balcánica
despierte una duda peligrosa: ¿Es más efectiva la
vía de los hechos consumados que la de encomendarse
al derecho internacional?
Desde que Kosovo
proclamara el pasado domingo su independencia,
potencias internacionales como EEUU, Francia, Alemania o Reino Unido
han reconocido y felicitado al nuevo estado, pese a
haber hecho su anuncio de manera unilateral y sin el
beneplácito de Naciones Unidas. Esta flexibilidad en
la aplicación de las normas de juego internacionales
ha descolocado a algunos. También a los saharauis.
"Nos alegramos de que se escuche la voz de un pueblo
y se atienda a su derecho a decidir sobre su
independencia, pero lamentamos que exista un
doble rasero", así se expresa Bucharaya
Hamudi Beyun, el delegado del Frente Polisario en
España, que no oculta su decepción por los
acontecimientos. "Los saharauis vamos perdiendo
nuestra confianza en la ONU, vamos perdiendo nuestra
confianza en la comunidad internacional".
También el Sáhara Occidental autoproclamó su
independencia en el año 1976, pero las grandes
potencias se negaron a reconocerla invocando el
respeto a las leyes internacionales. El
representante saharaui se asombra de que a la hora
de apoyar la independencia de Kosovo no se hayan
demostrado tantos escrúpulos. "Estamos perplejos por
la actitud de muchos países que dicen apoyar el
derecho internacional, pero que en ciertos casos se
lo saltan sin problema".
La República Árabe Saharaui Democrática (RASD)
sigue siendo un país sin Estado.
Su estrategia desde 1991 -año en el que se pactó un
alto el fuego a la guerra librada con Marruecos- ha
sido la de confiar su camino hacia la
autodeterminación a las Naciones Unidas, que
consideran el contencioso con Marruecos como un
asunto de descolonización.
La ONU ha propuesto en varias ocasiones la
celebración de un referéndum
en el que el pueblo saharaui vote si quiere formar
parte de Marruecos o ser independiente, pero los
obstáculos del país alauí han impedido que se llegue
a celebrar la consulta. Los últimos esfuerzos para
resolver el contencioso se centran en una serie de
conversaciones directas entre las partes, que se
están celebrando en Nueva York al abrigo de las
Naciones Unidas. El próximo mes de marzo tendrá
lugar la cuarta ronda, que se afronta sin grandes
esperanzas.
El propio enviado personal del secretario general de
la ONU para el Sáhara Occidental, Peter van Walsum,
ha reconocido recientemente tras un viaje por la
zona que le ha llevado ante las dos partes en
conflicto, que no logra resolver el asunto.
La secesión de Kosovo destapa la caja de los
vientos. La UE sabía que el tema resucitaría otras
independencias pendientes y se ha apresurado a
explicar que no sienta precedentes por tratarse de
un "caso sui géneris", pero lo cierto es que con el
apoyo de buena parte de la comunidad internacional
se ha legitimado la acción. "Esto demuestra -dice
Bucharaya- que sólo es cuestión de si te apoyan o no
las potencias internacionales según sus intereses
geopolíticos, no de tus derechos". Las comparaciones
son odiosas, sobre todo si uno es el que sale mal
parado.