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Chile y la República
Árabe Saharahui: El valor de la palabra empeñada
por Esteban Silva Cuadra
(Chile)
miércoles, 16 de enero de 2008
RASD: República Árabe Saharaui
Democrática
Caminando por la plaza de armas de Lima de
un mes de julio de 2005 semigris, inmediatamente
después de ser recibido por el Presidente del Perú,
Alejandro Toledo, mi amigo Amedh Bujari, embajador
ante la ONU de la República Árabe Saharaui y alto
representante del Frente Popular por la Liberación
por la Saguia El Hamra y el Río de Oro, conocido
como Frente POLISARIO, me relató la historia de sus
largas y pacientes gestiones, encuentros y
desencuentros con el Chile democrático en busca del
reconocimiento para su país.
Al volver la
democracia, en 1991 el embajador Bujari fue recibido
por el entonces Presidente Patricio Aylwin y por su
canciller Enrique Silva Cimma. Sus encuentros con
las más altas autoridades de la concertación y con
dirigentes de la oposición, fueron productivos y
auspiciosos para el reconocimiento de su país.
Una de aquellas
tardes, recibió una auspiciosa llamada de un amigo
cercano y constante de su causa, el ex canciller
Clodomiro Almeyda, quién le manifestaba que quería
ser el primero en darle la buena noticia: en las
próximas horas le sería formalmente notificado que
Chile había decidido otorgar reconocimiento oficial
a la República Árabe Saharaui Democrática. Cual
sería su sorpresa, al día siguiente, al ser
notificado que a diferencia de lo señalado por
Almeyda, el gobierno Chileno no reconocería a su
país, sino más bien expresaba solamente un
protocolar respaldo al proceso de organización del
Referéndum de autodeterminación, previsto por el
Plan de Paz de la ONU para el Sahara Occidental, a
través de las fuerzas de MINURSO, desplegadas entre
las zonas ocupadas por la invasión Marroquí y el
territorio controlado por el Frente POLISARIO.
El principio de
autodeterminación e independencia ante la
colonización parecía a una supuesta “razón de
estado” inexplicable y misteriosa.
Con la elección del
segundo gobierno de la Concertación encabezado por
el Presidente, Eduardo Frei Ruiz Tagle, el embajador
Bujari viajó nuevamente a Santiago a restablecer
contactos diplomáticos y políticos con todos los
sectores, de gobierno y de oposición. En agosto de
1999, por unanimidad la Cámara de Diputados de Chile
aprobó una resolución solicitándole al ejecutivo
reconocer a la República Árabe Saharaui.
A finales del mes de
octubre, el embajador de Chile ante Naciones Unidas
comunica al representante Saharaui en Nueva York
que Chile procedería a firmar con su país el
establecimiento de relaciones diplomáticas. Ambos
diplomáticos concordaron fecha, hora para proceder a
la ceremonia de establecimiento de relaciones
diplomáticas. La ceremonia tendría lugar en la
Misión de Chile ante la ONU.
El día previo, el
embajador Saharaui recibió un llamado de un
diplomático chileno solicitándole la bandera de su
país para ser puesta junto a nuestro pabellón
nacional durante la suscripción de los protocolos
respectivos. Sin embargo, al llevar la bandera de su
país los saharaui fueron nuevamente informados que
la ceremonia se postergaría tres días, situación que
volvió a repetir, esta vez por siete días
adicionales. El argumento esgrimido para su
postergación, era que un representante personal del
Rey de Marruecos viajaría a Chile a expresar su
desacuerdo ante el reconocimiento ad portas y que
por razones de forma y diplomacia esperarían algunos
días la partida de Santiago de aquél enviado
especial para proceder al reconocimiento acordado.
En todo momento, se señaló, que aquella postergación
no implicaría un cambio en la decisión del estado
chileno.
A pesar de su
paciente impaciencia, la perplejidad de nuestros
amigos aumentaba. Las fechas originalmente
concordadas se postergaban una y otra vez.
En noviembre de 1999,
en Santiago, un alto diplomático de nuestra
cancillería entrega a un embajador saharaui, una
carta fechada el 30 de aquel mes del entonces
Canciller de Chile, Juan Gabriel Valdez dirigida al
Canciller de la RAS, Mohamed Ouldk-Salek, la cual
ponía fin a la larga espera, señalando: “Por
especial encargo de S.E. el Presidente de la
República, tengo el alto honor de dirigirme a V.E,
para informarle que el Gobierno de Chile ha decidido
reconocer a la República Árabe Saharaui
Democrática”.
Los argumentos esgrimidos a través de la
comunicación oficial del canciller eran sólidos y
contundentes desde el punto de vista de principios y
también desde un punto de vista practico frente a la
situación internacional que motivaba la decisión:
”Al adoptar dicha
determinación, el Gobierno de Chile ha querido
reafirmar la tradicional adhesión de nuestro país al
principio de autodeterminación de los pueblos, así
como igualmente renovar nuestro pleno respaldo al
inalienable derecho a la independencia de los países
y pueblos coloniales.
”Es nuestro deseo que
la decisión del Gobierno de Chile constituya una
contribución para que, en el marco del Plan de Paz
de las Naciones Unidas, prevalezca el espíritu de
dialogo y negociación en la búsqueda de una solución
justa y definitiva de la controversia subsistente
sobre la cuestión del Sahara Occidental. De igual
modo, esperamos que nuestro gesto político pueda
alentar a las partes concernidas a no dilatar la
celebración del referéndum de autodeterminación, de
modo que dicho procedimiento pueda tener lugar de
acuerdo a los términos y al calendario establecido y
anunciado en la iniciativa de la ONU”.
Sin embargo, la
comunicación hacía ver que dada la proximidad de las
elecciones presidenciales del 12 de diciembre de
aquel año y ante un nuevo período presidencial que
comenzaría el 12 de marzo del 2000, se postergaría
nuevamente el reconocimiento:
“Esta circunstancia
especial, como V.E. sabrá comprender, nos aconseja
proponer al Gobierno de la República Árabe Saharaui
Democrática, postergar para una fecha posterior a la
asunción del nuevo Presidente de Chile, la
suscripción del Protocolo que, de acuerdo con la
Convención de Viena, regulará las relaciones entre
nuestros respectivos Gobiernos”.
Nuevamente el
reconocimiento quedaba diferido. Esta vez, sin
embargo, los principios internacionales que dan
continuidad al Estado de Chile habían quedado
consignados solemnemente por escrito y solo se
trataría de una postergación debido a la agenda
político institucional del país.
Finalmente, varios
años después, durante su último año de gobierno el
Presidente Ricardo Lagos recibió al embajador Bujari
en Santiago y le señaló que tomaría una decisión
sobre el tema. Sin embargo, al 11 de marzo del 2006
ninguna decisión fue tomada.
No creo necesario
argumentar nuevamente a favor del reconocimiento por
parte de Chile a la Republica Árabe Saharaui.
Comparto los altos principios sobre nuestro
compromiso como país con la autodeterminación de los
pueblos y el inalienable derecho a la independencia
de los países y pueblos coloniales, consignados con
mucha lucidez y claridad en la carta del ex
canciller Juan Gabriel Valdez.
Hay también
importantes razones culturales, pragmáticas, y de
coyuntura internacional. Los saharauis son el único
pueblo árabe en el África que es hispano parlante.
La RASD como Estado miembro de la Organización de
Estados Africanos hizo aprobar el español como
lengua oficial de esa organización. En un mundo
cada vez más globalizado como sudamericanos inmersos
en proceso de conformación hacia bloques regionales
en nuestra relación con países árabes y africanos
esto debería importarnos.
La República Árabe
Saharaui Democrática es reconocida hoy por un
importante número de Estados del África, del Asia y
Oceanía. En América Latina, por la totalidad de los
Estados del Caribe, Cuba, México, Venezuela,
Panamá, Ecuador y Uruguay, entre otros. En varios de
esos países el reconocimiento a su país no ha
implicado ninguna dificultad con el Reino de
Marruecos, ya que coexisten embajadas de ambos
países.
Los saharaui tienen
además con un inmenso potencial marítimo y pesquero,
en su territorio se encuentran grandes yacimientos
de fosfato y petróleo y son un pueblo que tiene una
relación estratégica con Argelia.
País con el cual nos
unen grandes lazos de amistad y que hoy representa
un importante y creciente intercambio comercial e
inversiones importantes en el ámbito energético para
Chile.
Finalmente, el
referéndum de autodeterminación debió efectuarse
hace ya más de 14 años. Pese a los esfuerzos de
Naciones Unidas, la situación y sus posibilidades de
realización se encuentra bloqueada por parte de
Marruecos. La situación de derechos humanos que
afecta a prisioneros de conciencia saharaui,
requiere de una señal inequívoca de la comunidad
internacional.
Los chilenos fuimos
objeto durante muchos años de la solidaridad
internacional. Nuestra causa por la recuperación de
la democracia en Chile traspaso nuestras fronteras.
En los lugares más remotos, como el Sahara
Occidental, Chile simbolizó el valor democrático y
de transformación de un pueblo digno.
En medio del desierto
y la arena del Sahara Occidental, entre las tiendas
de los beréberes y de los militantes y dirigentes
del Frente POLISARIO, en su largo caminar por el
mundo entero pidiendo solidaridad y legitimo
reconocimiento para su país, surge una vinculación
con nuestra historia reciente y de solidaridad y
admiración ante un pueblo digno como el Saharaui. No
podemos ser insensibles ante una de las últimas
luchas por la descolonización y la soberanía del
siglo XXI.
No tengo duda que la
Presidenta Michelle Bachelet, en su calidad de jefa
de Estado actuará de acuerdo a estos grandes
principios y procederá en nombre de la nación
chilena a reconocer y abrir relaciones oficiales con
la República Árabe Saharaui Democrática.
* El autor es
Presidente de la Asociación Sudamericana de Amistad
con la RASD
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